El problema es el planteamiento. (II)*

La madrugada me encontró trabajando en la búsqueda del santo grial del diseño. Era sábado de primavera de playa para muchos, pero yo me encontraba atascado luchando infructuoso contra una idea por defecto viciosa, que no respondía “al planteamiento inicial del problema planteado por Petkoff”. Sabía por experiencia que la solución a un problema mal planteado es una mierda. Ese día dediqué cada minuto de vigor a la misión, un encargo in extreme de Teodoro Petkoff: El diseño gráfico para un partido político no marxista, no autoritario, abierto y democrático, llamado: Movimiento al Socialismo MAS. –Por lo menos yo compre el producto–. Pasé el fin de semana confinado en mi habitación 3-IN-ONE, especie de estudio de trabajo, Isla robinsoniana y dormitorio, eso sí, escuchando a The Who, Janis Joplin, Led Zeppelin, Joe Cocker, Carole King y Joan Báez. Siempre he mantenido la creencia de que el diseño es producto de lo que escuchas y consumes.

Confieso que no podía dormir esa noche del viernes para el sábado; lo que me hizo madrugar fue el sentido del orgullo, la estima y el escozor del desafío. No es que no tuviese una idea de diseño inicial, el problema fue que la primera idea que tuve nunca llegó a abandonarme. Incluso por encima de otros diseños rupturistas y con más recuerdo e impacto visual. La primera idea de diseño fue en apariencia fatal y ruinosa, era digna del diván Jacques Lacan. Se había convertido en un problema de contaminación visual obsesiva. Y no tenía tiempo para una descontaminación documental apropiada, tampoco disponía de un layout orientativo y menos un dossier, sólo de un ‘planteamiento inicial’. Me encontraba como (Gary Cooper viendo el reloj) “Solo ante el peligro” con la diferencia, que una es ficción y lo mío realidad. Hay quienes piensan que el diseño no duele, pero se equivocan, lo que cobra vida siempre duele. Es el síndrome de Pigmalión.

“Cuando un cliente te dice ‘métele más diseño’ es porque te ha perdido el respeto, en otras palabras, estás muerto / M. E. Ponte

Durante mucho tiempo, quizás demasiado, tuve el afiche como segunda piel. Vivía rodeado de su materia estética y sus mundos coloridos de vanguardia. El cartel era el paisaje, como para otros, eran los discos de salsa, el rock and roll, y las barajitas de beisbol. En realidad nunca he sido un coleccionista ni fans de ninguna cosa, ni he estado encerrado en ellas… Mi estancia estaba tapizada de gritos y mensajes de rebeldía, a veces contradictorios entre ellos, eso sí, ninguno era un dechado de racionalidad virtuosa. En realidad estaban ahí para recordarme que no todo en el cosmos era izquierda, derecha y armonía. Me gustaban más por su estética disruptiva que por lo que revindicaban. Mi intelecto (formación) no se correspondía con la cultura de la pequeña burguesía acomodada de los nuevos ricos, que compraban libros por metros y colores que combinarán con las cortinas y los muebles del salón. Y si eran enciclopedias Salvat mejor, que mejor.

“El mundo no está hecho de verdades, sino de realidades que no gustan a todos”. Manuel Eduardo Ponte

En los años 70´ disfruté de la mayor panoplia de carteles gráficos de la historia antes de su inesperada muerte súbita a mediados de los 80′, la década Kitsch. En aquellos días se podía viajar por la historia contemporánea a través del cartel sin movernos de un lugar, e incluso, escribir nuestra propia crónica sugestiva de la historia que nos había tocado vivir o sobrevivir a ella. La Era de las oscilaciones ideológicas. Sabíamos como sociedad en qué estábamos, además que pensábamos con sólo mirar un cartel. De esto y de aquello, estaban hechas nuestras conciencias y nuestros sueños, llamémosle alienación. Hay un libro de antipsiquiatría intitulado “viaje a través de la locura de: Mary Edith Barnes y Joseph H. Berke”. Quizás debería yo escribir otro ensayo con un título igual de sugerente: “Viaje a través de la locura del cartel de los años 70´, los orígenes de la locura.

En tres días con sus lunas, cree el logotipo del puño en alto del MAS, cuyo diseño en apariencia ya existía en la memoria social de las dos últimas décadas. A veces el diseño es un proceso de síntesis y aproximación, más que de originalidad y capricho. Nadie crea nada más allá de su espectro sociocultural. Los diseñadores gráficos estábamos acostumbrados a crear cosas sin atender a la demografía de los pueblos. Seguíamos las pautas del arte, que no pregunta, se impone. No conocía a ningún artista universal haciendo encuestas de opinión, o realizando degustaciones en los supermercados de sus obras para ir haciendo correctivos al producto. El problema a día de hoy sigue siendo el mismo. Aunque las nuevas tecnologías de la comunicación y la información nos permiten en tiempo real testar nuestras obras; de hecho, se escriben novelas adaptadas a los públicos en función de sus perfiles.

La leyenda urbana dice: “Un cartel es un grito pegado en la pared”, creo recordar que fue David Ogilvy, padre de la publicidad moderna y progenitor de la frase, y no el artista Español José Renau, a quien erróneamente se le atribuido. Seamos justos. Demos al publicista lo que es del publicista, y a Dios, lo que es de Dios.

La población en Venezuela, para aquel entonces, era en su mayoría rural y provinciana, mal informada y comunicada con el mundo geopolítico y sus vicisitudes histórica, su comunidad de intereses eran otros. El Estado no llegaba a todas las partes del territorio, pero Acción Democrática, y la cerveza Polar, ¡sí!  Crear un logotipo para un nuevo partido, en teoría para mí, “podría funcionar cualquier cosa”. Sí así era, por qué no probar con cosas ya testadas en la sociedad del cambio, y la protesta como forma de vida, per se.  

Qué decir de Bob Gill, para aquel entonces, sabía muy poco de él como diseñador gráfico y nada de su trayectoria profesional y de su pensamiento creativo… No niego que su lenguaje gráfico no tuviese algún impacto didáctico y formativo en mis ideas de diseño gráfico, pero no de forma consciente. Pero a diferencia con Bruno Munari, de quien conocía su obra, trayectoria y método, a Bob Gill no le conocía como teórico del diseño gráfico. Bruno Munari, para aquél entonces, era un diseñador y artista de culto . Representaba para mí las claves y las esencias que entran en juego en el proceso creativo de diseño gráfico. Munari también fue un precursor de todo lo conocido en diseño gráfico, incluido hoy día el arte fractal y digital.

“Cuando alguien dice: ésto lo sé hacer yo también, quiere decir que lo sabe recrear o de lo contrario ya lo habría hecho”. Bruno Munari.

Muchos años después en la librería “Lectura” del centro comercial Chacaíto, compre un libro del Bob Gill, dónde exponía su método creativo, algo así como: más allá de las reglas del diseño bonito. Leyéndolo en detalle me sorprendió que coincidiésemos durante tanto tiempo, en tantas partes y en tantas cosas, sin conocer sus ideas sobre su método creativo: “dar vuelta a la tortilla”. Todo planteamiento inicial de un problema, le corresponde un replanteamiento. El problema está en el propio planteamiento inicial como obstáculo. Hay que hablar de soluciones e ideas en lugar de diseño. El diseño gráfico debe ser un proceso para resolver problemas de comunicación. Replantéate el problema y harás cosas grandes.

“Si hoy tuviese que publicar mi propio método creativo, el libro tendría novecientas noventa y nueve páginas en blanco. Y en el primer folio el siguiente y único epígrafe a mitad de página: “El problema es el planteamiento” los otros 998 folios son el trabajo de investigación. En pocas palabras: no hay reglas, hay método”. Manuel Eduardo Ponte .


(III)* Todo diseño gráfico aspira a ser autoritario.

El factor cubano

Nuestros problemas nacionales como Estado y sociedad libre democrática que fuimos, hasta no hace poco, dos lunas llenas, comenzaron desde el momento que dejamos que Hugo Chávez traicionara la soberanía nacional en favor de la invasión político-militar extranjera (hoja de ruta del Foro de São Paulo). Negar esta realidad nos ha desarmado ante el auténtico enemigo invisible, nos ha debilitado ante el invasor cubano. Hemos sido invadidos, asaltados, saqueados, humillados por una fuerza colonial político-militar adiestrada, en la invasión sigilosa sin balas, doctrina de São Paulo. Lo voy a llamar de aquí en adelante «el factor cubano»  para evitar entrar en conjeturas y adjetivaciones que nos alejen del fondo de la cuestión.

La invisibilidad del factor cubano en los problemas de  ingobernabilidad, ruina y colapso del país, no son por méritos propios del invasor y su aquilatada experiencia colonial, sino, por dejadez y permisividad del oprimido y sus cuitas hemorrágicas contradictorias. La ausencia de una oposición beligerante de fuerza con liderazgo político de amplia base popular, y una clase media dividida y autista, embriagada de éxito social y económico. Ambos con sus antagonismos de clase e interés, obscenamente mezquinos, e irreconciliables a día de hoy, son parte teatral del diseño del invasor.

La cohabitación y coexistencia actual de los viejos partidos políticos del 58 con el régimen totalitario chavista es una (ilusión de armonía) ello ha sido gracias al factor cubano, que han permitido  la existencia de partidos tradicionales viviendo con la dictadura, pero sin poder real y sin líderes, dejándolos expuestos a las exigencias y demandas sociales sin capacidad de respuesta, hasta su autodestrucción.

La clase política teatral en su huida hacia adelante se aferra a la inverosímil vía pacífica, la salida política democrática y pactada con el mayor holding criminal internacional de la historia de Latinoamérica, la izquierda fracasada de siempre, reconvertida en organizaciones corruptas, depredadoras y genocidas. El desconocimiento del factor cubano, como mediador en todos los procesos sociales y políticos, e incluso de seguridad nacional, imposibilitan una hipotética salida pactada de la dictadura.

Ser político no es una esencia humana, sino, una condición ciudadana. Cuando los partidos políticos son sombras de su pasado como sucede en Venezuela, y la actividad administrativa del estado languidece y colapsa, también la figura del ciudadano (sujeto de derechos) desaparece junto con la del político. Lo único que no desaparece en la ecuación clásica de las dictaduras, es la constante histórica de: una minoría dominante y una mayoría dirigida y oprimida, sin libertad, y hasta la miseria siempre.

La figura que mejor representa a la clase política de Venezuela en la V República es el teatro de sombras chinescas. El político en apariencia no ha desaparecido del todo del escenario nacional y mediático, es una sombra que no tiene poder real, sino aparente. Esta falsa ilusión de armonía democrática (electoralista) ha permitido el mayor desmantelamiento de la historia de un Estado de forma gradual y silenciosa con la anuencia colaboracionista de los partidos políticos tradicionales. La exposición a la luz que proyecta el régimen sobre los políticos los ha convertido en actores teatrales (tontos útiles) meras sombras chinescas, sin credibilidad, e incluso, odiados por el pueblo, cansados de su retorica mesiánica pacifica.

Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles: fue el primer invasor de la historia con método y diseño de conquista. En los imperios que invadió utilizó «Política de fusión» respetando las instituciones culturales, políticas y religiosas, con la falsa  apariencia de normalidad institucional para evitar el malestar social, y la resistencia. Así ha sido ejecutado en Venezuela  el plan de Foro de São Paulo, por los invasores cubanos, la invasión sin balas. Un ejemplo son los partidos políticos en Venezuela y la Asamblea Nacional, simples sombras chinescas animadas por la luz del régimen.

El otrora político está obligado a ponerle rostro y nombre al hundimiento y colapso del país, señalar culpables e identificarlos, e incluso ‘juzgarlos sumariamente’. La principal tarea subversiva del político será revertir el sentimiento instalado de fatalidad social ruinosa: infortunio, calamidad, desgracia, desastre y desventura, o catástrofe natural divina. Son sentimientos que vapulean al ciudadano desde hace tiempo, desprovisto de nacionalidad y derechos constitucionales. Estos sentimientos son parte del ‘factor cubano’ de dominación, que tiende a Llevar a cero a las personas despojándolas de Churuata, de  guayuco y casabe, e incluso, de sobrescribir sus expectativas de vida a partir del miedo y la desesperación.

La fase de disgregación e integración actual se expresa en el Carnet cubano de la Patria, o censo de integración colonial. Es un proceso de inmersión ideológica selectiva de subordinación simbólica a la metrópoli ultramarina de la isla. Su grandeza radica en el carácter voluntario (chantaje) de pertenecía al nuevo estado satélite de cuba.

Francisco de Goya fue el primer cronista gráfico de la historia, pero también fue un pionero de la gráfica como ciencia subversiva hasta el día de hoy. La intención de Goya era según él. «Perpetuar por medio del dibujo, las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano francés». Si el enemigo ‘invisible’ no tiene nombre ni rostro, ni apellidos, difícilmente podemos luchar contra él. “El enemigo tenía acento francés”

Goya señaló al enemigo, lo hizo insoportablemente visible e inhumano. Le puso nombre y rostro al invasor y al colaboracionista. Expresando las fatales consecuencias morales de una invasión. En algunos de los epígrafes de sus grabados denunciaba la crueldad del enemigo, haciendo así que el lector atienda no solo al heroísmo del pueblo y su voluntad de sacrificarse, contra el invasor francés, sino a la irracionalidad, la injusticia y la barbaridad que surgen inevitablemente durante la guerra de liberación nacional.

Todos sabemos que están haciendo las fuerzas de ocupación político-militar cubanas en Venezuela, es un secreto a voces, pero no somos capaces de materializar al invasor en repudio colectivo activo y militante; hacerlo insoportable, insufrible, convertir la indignación en movilización y motivación contra el invasor.

El éxito de la ocupación cubana es el equivalente al asesino global invisible que acabó con millones de vidas en Europa, los virus. No se pude luchar contra lo que no se ve, ni se nombra. A veces las viejas cosas funcionan mejor sin grandes cambios. Mantener un títere visible en el poder, y si es posible criollo,  que canalice la indignación hacia un enemigo lógico, especie de, Cabeza de Turco. Es la invasión perfecta.

El ensayista e investigador Juan Liscano, me comento que: A los esclavos se les permitía en las fiestas religiosas disfrazarse (vestirse) como los amos, e incluso que hicieran monigotes y piñatas de ellos con toda fidelidad, para ser golpeados y quemados. Una o dos veces al año se les permitía ser iracundos. Eran una especie de válvula de escape, especie de olla de presión.  Este comportamiento es común a todas las culturas en la historia, incluso en la clásica Roma.

El político debe reconvertirse en resistencia anónima subversiva, no por necesidad, sino por lógica y salud pedagógica: La invisibilidad debe ser la norma de la fuerza subversiva. Ser un pendejo y mártir en los calabozos de la contrainteligencia cubana, es un sacrificio inocuo. Sí, es cierto, es muy emotivo, pero no deja de ser estéril. Que el desgaste cambie de bando es hacer público y visible el rostro del enemigo cubano en cada acción. Organizarse por debajo es subversión, lo contrario es sumisión,  suicidio ilustrado del pendejo.

El problema letal para una sociedad es estar inmerso en una guerra y no reconocerla como tal, ni reconocerse en ella. Hay muchos muertos, hambre, desmovilizados, presos políticos, destrucción, ruina y colapso del país, y peleas teatrales cainitas,  pero no producto de la guerra sino del infortunio y la crisis económica y política (crisis de liderazgo) de ahí la importancia del mantenimiento por parte del invasor de la fachada institucional de los partidos políticos.

La ecuación Alejandrina del invasor perfecto (menos es más) ha sido perfeccionada exquisitamente por el invasor cubano. Si no ves al enemigo no hay guerra. Es una cuestión de cirugía, contra menos invasiva sea la intervención, mejor.

Sin un enemigo perceptible e incluso palpable,insoportable, la guerra de invasión u ocupación es una abstracción intelectual, y por defecto, el invasor también.  No hay  tanques de guerra, ni tropas, ni uniformes, ni acento cubano, ni banderas de la ocupación. El invasor invisible no es el problema, el problema es otro, es el hambre, la miseria, la guerra económica, el sabotajes, y la derecha fascista.  Es el círculo virtuoso Alejandrino: la negación del invasor, per se…

Un Réquiem por las almas de las instituciones y los partidos muertos en 20 años de invasión cubana silenciosa y sin resistencia.

Iconoclasia bolivariana  (Deicidio)

Bolívar y Ponte

No estoy muy seguro del día que nací, creo que nadie lo tiene claro, porque no se nace en una feche concreta del almanaque, sino en el uso de la conciencia, la razón y el conocimiento. –De niño tuve un miedo irracional a Simón Bolívar el libertador, a pesar de ser yo, todos los años en el colegio el dibujante oficial de su inabarcable humanidad. Me consideraba entre todos mis compañeros, un privilegiado. El relato del ‘Decreto de Guerra a Muerte’ del libertador resulto ser una historia incomprensible para un niño estigmatizado por haber nacido  en el reino de España. Ello me mantenía ocupado, entre el miedo y la admiración de su gesta heroica. Debo confesar ahora, a la distancia y el tiempo, que fue un periodo aterrador, y creativo, que forjaría mi carácter. «Españoles y canarios, contad con la muerte, aun siendo indiferentes, si no obráis activamente en obsequio de la libertad de la América. Americanos, contad con la vida, aun cuando seáis culpables» A pesar de ello, de sentirme amenazado, nada logro quebrantar la admiración por el libertador, y hacer míos su valores.

Bolívar un icono Pop

Nadie ha hecho más daño, ni ha sido más destructivo con la imagen icónica de Simón Bolívar, y a su pensamiento, que el propio populismo chavista, que lo ha instrumentalizado y banalizado hasta el aborrecimiento. Sobre la egida del padre de la patria se ha traicionado la Republica, y saqueado y arruinado, el país, también en lo moral. La tiranización del poder, y la violación de los derechos humanos han aniquilado su imagen icónica, y fuente de valores compartidos. Lo que mis miedos y complejos infantiles, no lograron destruir, tampoco lo hará el populismo chavista, aunque el palo, el azote y el verdugo lo llaman bolivianismo del siglo XXI.

El uso patriotero de Bolívar para justificar un régimen populista totalitario y étnico en Venezuela, tiene otros antecedentes muy parecidos en Latinoamérica. Unos con más éxitos que otros: Farabundo Martí en El salvador, Sandino en Nicaragua, El castro comunismo en Cuba, el M-19 bolivariano en Colombia, el movimiento marxista MIR en Chile, los Túpac Amaru en Uruguay, Sendero luminoso en Perú (maoísmo), y Marcos el líder zapatista de Chiapas Mexico.

En realidad el Chavismo bolivariano es eclecticismo rancio. No responde a ninguna ideología o doctrina política concreta conocida hasta ahora, más bien es populismo instrumental heterogéneo (cosecha propia). Lo original aquí es el fundamentalismo bolivariano político, especie de religión horizontal sin Dios, pero con petrodólares, muy cerca del marxismo reivindicativo de la lucha de clases.

Ha sido fácil implantar el ‘fundamentalismo-bolivariano’, porque este ya existía cómo ideal integrador en la conciencia venezolana. Ayer fue parte de la conducta volitiva y libre de los ciudadanos, para volverse hoy, en un elemento fustigador de impulso histórico y vital de una ideología totalitaria y populista. Bolívar representaba la imagen y el pensamiento compartido e integrador de los valores nacionales, la convivencia, la unidad y el orgullo.

Bolívar también coexistía con otras realidades antagónicas como la pobreza, la democracia, la marginalidad social, la corrupción, la indolencia y la riqueza fácil. La instrumentalización del símbolo icónico de Bolívar y su apropiación sectaria partidista y populista, por el chavismo, termino haciendo el resto. La asfixia de las instituciones democráticas, en beneficio de la democracia radical (socialismo siglo XXI) Fue cuando lo cotidiano se convirtió en política trascendente de masas, acentuando las contradicciones y desigualdades sociales del discurso formal. El populismo puso orden en las ideas y organizo el nuevo relato político sectario de un Bolívar revolucionario marxista irreal, inexistente, antitético. Chávez no invento el relato de las desigualdades, solo la escenifico, lo hizo verosímil, lo convirtió en necesidad, y ésta en movimiento. Les dio todo lo que ellos querían y necesitaban, ver, oír y sentir. Convirtió las necesidades y desigualdades en un sentimiento.

Surgió el Bolívar étnico e indigenista, el libertador de los oprimidos y los olvidados de la historia del progreso y de los petrodólares, los ciudadanos sin historia. Bolívar se convirtió en la concreción de la insatisfacción de todo un pueblo marginado, empoderado, necesitado de nueva conciencia revolucionaria, de una nueva patria.

El nuevo “patriotismo” surge del cisma de la idea general de estado y de clases sociales, de quien debe ostentar la riqueza y el aparto productivo. –Si la riqueza es la patria y ésta riqueza cambia de bando, entonces los pobres y marginados ahora tienen patria –La patria bonita y étnica, es parte del nuevo diseño del ‘Bolívar Pop’ de estética kitsch. El populismo hegemónico, o socialismo del siglo XXI,  ha convertido en disfuncional y conflictivo la separación de poderes, y liquida la idea de ciudadanía, como obstáculo al cambio.

Este modelo de sociedad y economía radical del populismo hegemónico, lleva implícita su propia destrucción política y social, como forma de poder totalitario y sectario. El nuevo patriotismo dura lo que duren los dólares repartidos, incapaces de producir nueva riqueza. El personalismo chavismo como doctrina neo-bolivariana, de pobres contra ricos, adolece de modelo económico real, no entiende las exigencias de una economía abierta y competitiva de mercado. Solo hace acopio del maná del petróleo, de sus regalías y sus miserias. No es una economía del esfuerzo y la competencia, solo del reparto de la abundancia.

En un principio, Chávez le dio ‘la vuelta a la tortilla’ dejo fuera los ‘ismos’ tradicionales y los manuales de la izquierda latinoamericana, vistos como ideología extranjera invasiva, y su elitismo ideológico fracasado e incomprensible. Para ello utilizo materia prima criolla y afectiva, el populismo patriótico bolivariano, que ya existía, no había que importarlo, ni inventar. Solo tenía que organizarlos y enfrentarlos entre sí. Hizo visible las contradicciones históricas existentes en el modelo de convivencia compartido de patria. La pedagogía del odio y la división social harían el resto del trabajo. El descubrimiento de un Bolivar Pop, abogado de los pobres, aporto identificación, autenticidad y empatía con el nuevo relato.

El populismo necesita construir su propio idioma visual con su respectiva ‘gramática de símbolos icónicos’ extraídos de los sentimiento y raíces populares, como la historia y las desigualdades sociales. Convertir las necesidades en virtudes, en reivindicaciones, y éstas en movimiento histórico, en enfrentamiento. El pensamiento visual lleva implícito su proceso útil, que se puede aprender, y desaprender, repetir.

El populismo como forma instrumental de las ideologías es un sistema de aprendizaje de las desigualdades, (pedagogía del odio) y la fuente por extensión, a decir verdad, más democrática de poder horizontal, poder aparente, empoderamiento, creer que sí sé puede.. Todo aprendizaje es ‘conocimiento’ y cualquier cambio histórico en las formas de éste, genera nuevas formas de poder. La actual sociedad, para el Sociólogo Alvin Toffler, necesita todo tipos de habilidades que no son sólo cognitivas, son emocionales, son afectivas y virtuales. Esta es la clave para entender el modelo de hegemonía política en boga.

¿Cuánto duró el chavismo hegemónico, totalitario? –El tiempo que duraron los petrodólares y las expectativas fundacionales de la nueva patria, la patria bonita. Es el mismo tiempo que duró la nueva clase hegemónica en arruinar y destruir el país, sus raíces.

El patrioterismo historicista creado en torno a los viejos ídolos encarnados en las necesidades históricas populares, más temprano que tarde, vuelve a ser necesidades reales. Es cuando el mesianismo pierde el polvo de la historia, y los símbolos icónicos ya no resuelven las falsas necesidades espirituales de enfrentamiento, cambio, revolución, radicalidad, reparto y utopía. Dicho fenómeno se conoce como ruptura de expectativas, la contrarevolución.

“El concepto de identidad social comprende los de identidad cultural e identidad étnica, ambas configuran una parte importante del patrón Identitario descriptivo de las ciencias sociales, ligados a un territorio, a un pasado histórico colectivo y de pertenecía a una cultura” No es la descripción de un estado de naturaleza (determinista) es sólo una categoría clásica de la histórica y la política, más que epistemología científica y filosófica, describe lo formal, y no el fondo.

El Bolívar versionado por Chávez, pronto se convertiría en la concreción de la insatisfacción de todo un pueblo marginal y marginado por el progreso económico e industrial. La nueva figura Pop de Bolívar, hizo visible lo invisible, convirtiendo la insatisfacción en un movimiento de masas y una conciencia política reivindicativa. Bolívar deja de ser de todos, para convertirse en un icono pop de la Venezuela poscapitalista. El Bolívar Pop ídolo de masas marginales, abandono su dosel sagrado y universal, para convertirse en un icono político fratricida, de hermanos contra hermanos, el bolívar militante de una causa populista.

“La iconoclasia es un componente frecuente de los principales cambios políticos o religiosos que ocurren en el interior de una sociedad” Pero no menos lo es el «Deicidio» matar a Dios porque este ya no nos representa. Me pregunto sí el Bolívar que conocí, dibuje y admire de niño, seguirá existiendo después de la deflagración del populismo chavista. Surgirá un tercer Bolívar, menos político y dogmático, un Simón Bolívar conciliador, o sobrevivirá el Bolívar Pop de unos cuantos contra unos muchos, como reminiscencia de una estética populista totalitaria, anacrónica, represiva y política. ¿Quién lo sabe?.