Retorno sobre sí (la posverdad)

Política de la posverdad

Una sociedad embarrancada, que no reconoce las causas objetivas de su fatal deriva hacia el colapso, es una sociedad perturbada por la dinámica de la ‘posverdad’. Esta configuración mental, no ideológica, es el sustrato que yace en el populismo de nueva generación. Cuando los hechos objetivos —y digo objetivos— y la razón, tienen menos influencia, menos peso que las apelaciones a las emociones y las vísceras. Tal afección de la razón y la percepción, se denomina: política de la posverdad (o política posfactual) lo fáctico como realidad es superado por las emociones, el estadio superior de realidad factual.

El arco narrativo histórico que explica dicho modelo tiene cuatro décadas operando sin oposición, ni objeción.  Yo lo llamo: ‘efecto posvietnam’ aunque tiene poco que ver con esa guerra, pero si con la conciencia ‘colectiva’ que vino después, la guerra de las emociones, hasta llegar a las verdades poéticas de Stéphane Hessel, y su arenga a las emociones: ¡Indignaos! o perecer.

El legado de Theodore Roszak, a mi entender fue el descubrimiento de la fenomenología de la «política de la posverdad» no la llamo así, pero describió prolíficamente como nadie en la sociología, los síntomas y afecciones de una generación, pero a través de otro de los grandes conceptos de la sociología contemporánea: «la contracultura» En mi formación intelectual hay dos libros esenciales: «’El nacimiento de una contracultura’ / ‘El hombre inacabado’» Pocos ensayos despiertan los sentidos del aprendizaje y la imaginación que estos dos gigantes de la ciencias sociales.

“Cuando la ciencia y la razón de estado se convierten en siervas de una magia negra política, no inteligible. ¿Qué fuerza moral tenemos para reprochar a los jóvenes el haberse zambullido completamente en un oculto «estado de excitación jungiano» en busca de vibraciones buenas. Capaces de eliminar lo malo?”

Cuando la crítica abandona su espacio vertical tradicional, sus dueños: las elites del poder (política, ciencia, economía, cultura, y medios de comunicación social) y pasan a la calle, es decir se hicieron horizontales (conversación y mercado) éstas se convierten en el «Quinto Poder» o más bien desplazó a los tradicionales medios de comunicación social «Social media» Lo constatamos todos los días en USA, con el presidente Donald Trump, que vapulea a los medios tradicionales de comunicación, sin consecuencias; medios despojados de su poder vertical. El vetusto, «Cuarto Poder», pero de lo que no estoy seguro, es que, la sociedad de la posverdad, pueda compartir espacio social con el «Cuarto Poder». En ciencias políticas se dice que: Una cosa es tener poder aparente, y otra el poder real que se materializa.

Con la aparición del Antropólogo Alexei Yurchak, hay más luz al otro lado de farola de la opinión pública de la sociedad posfactual. La «Hipernormalización» es el concepto con el cual este autor describe las paradojas de la sociedad soviética durante las dos últimas décadas de ese régimen. Es el nombre asignado al rechazo a reconocer la implosión del sistema durante su caída. “Everything was Forever, until it was no more: the last soviet generation (2015)” Hipernormalización es el concepto «sintáctico» con el cual este autor combina hechos, y establece relaciones invisibles al intelecto, de forma magistral, y los convierte en herramientas de análisis social: ‘Todo fue para siempre, hasta que no fue más’.

Siempre, o casi siempre, me he mantenido al margen de la sociología de las etiquetas del «antes y del después» como si ellas por sí solas explicaran los fenómenos del cambio social. Tales prácticas suponen un principio de lógica perturbadora, atrayente (Yonki) de las etiquetas). En el concepto de «modernidad y posmodernidad», Alain Touraine, muestra su preocupación por las formas ‘absurdas’ que toman a veces las teorías sociológicas a partir de etiquetas.

Dice Touraine: “La idea de modernidad no parece, en ningún lugar, añadir gran cosa al análisis de lo que yo he llamado «social» de la vida social. ¿A caso, no se llama moderno a algo que es creado y constantemente transformado? La oposición clásica desde hace mucho tiempo, entre «comunidad y sociedad», ¿no hace de ésta un concepto de modernidad? ¿No pensamos que la modernidad aparte los tronos y los altares para dejar a la sociedad administrarse a sí misma… (Un nuevo paradigma / Cap. 5 / EL RETORNO SOBRE SÍ. / pág. 95.)”

Acaso la posmodernidad, “¿es hablar del «fin de lo social» la sociedad ha muerto?” Estamos afirmando, con el uso de la etiqueta, la desaparición de todo principio histórico central de la definición del conjunto social. Digamos que tal aberración no soporta el escrutinio de la lógica clásica o «principio de de no contradicción», según el cual una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido. En realidad no hay nada en el medio entre «modernidad y posmodernidad» nada que se pueda considerar un paradigma, una ruptura epistemológica con la historia de la modernidad e incluso de la realidad.

La transición hacia la posmodernidad, sería algo así como: ‘La muerte de la sociedad agotaba en si misma’. En realidad me parece una ‘categoría absurda llevada al límite de la lógica basada en el ‘principio de identidad’, todo ser es idéntico a sí mismo. La sociedad moderna deja de serlo, si los individuos dejan de ser ciudadanos. La horizontalidad no mata al ciudadano, por consiguiente sigue habiendo sociedad. «Si algo deja de ser moderno, es porque ha dejado de cambiar» Y ese no es el caso de la sociedad actual. De algo estoy seguro es de que la sociedad, no va a volver sobre sus mismos pasos al pasado de los orígenes de la modernidad, la comunidad, donde no se reconoce la ciudadanía. En realidad la sociedad de los derechos de los ciudadanos, no fue una evolución, sino una invención. El paradigma de la sociedad moderna.

La modernidad ha dejado paso, eso sí, a la secularización del individuo civil, y éste a una sociedad sin apegos, «la sociedad líquida» la génesis de la «política de la posverdad». Este post pretende situar el origen histórico de la posverdad, que no es otro que la secularización del «poder vertical» iniciado en la modernidad. A veces creemos que el proceso de socialización, es de maduración y consolidación de la sociedad, hacia formas más apegadas a la razón, a la historia y sus vínculos; o que una sociedad es incapaz de aprender y desaprender, y volver sobre sus pasos a la protohistoria, especie de «Bosón de Higgs» la partícula de Dios, el principio.

La globalización es una maquina centrifugadora del modelo estático de «modernidad» lo que debilita sus vínculos históricos con el concepto de «ciudadano nación» a medida que se expande como los gases, sus valores son mas débiles, e incapaces de mantener la cohesión social de los estados, generando malestar «estado de excitación jungiano». La modernidad creo el concepto sólido de ciudadanía y nación, y ahora lo diluye en la expansión del mercado. La modernidad sigue su curso inexorablemente, como «Saturno devorando a sus hijos».

La globalifobia, es el modelo de respuesta a la expansión del mercado, «implosión» el agujero negro del malestar, ideología de la indignación. Una fuerza de tales magnitudes «jungiano» sólo es posible en una sociedad tutelada por la «política de la posverdad» donde la realidad fáctica es superada por las emociones, el estadio superior de realidad factual. Si hay, hoy día, un slogan que la desborde es « ¡Queremos más mundos en el mundo! ». En realidad la frase es fantástica y elocuente, invita a la reflexión, pero no responde a hechos objetivos, sino, a emocionales colectivizadas y tribales. ¡Si lo sueñas, puedes!.

No digo que no sean legítimas las reivindicaciones «teleológicas» de su discurso, por la diversidad cultural y la integración social. Solo señalo un aspecto relevante del malestar cultural por la pérdida de las raíces, «Root man» en un entorno disruptivo de la «sociedad del mercado» frente al tradicionalismo reivindicativo y continuista, per se.

La organización de la mentira (Populismo)

podemiruso«El intelectual no puede hacer nada más, no puede hacer la revolución. Las revoluciones hechas por intelectuales son siempre muy peligrosas» Umberto Eco.

La imaginación es ‘la capacidad de pasar de las transformaciones más impersonales y remotas a las características más íntimas del yo humano’, y de ver las relaciones entre ambas cosas. —De ahí que la ‘imparcialidad valorativa’ sea una creación romántica de las ciencias sociales— Para mí, es el factor humano, ese que ha construido el sentido filosófico de la vida, esa vaina en la que nadie nunca se pone de acuerdo.

La imparcialidad, es la pesadilla fáctica del yo primate, sin resolver. Lo que más jode al humano es el conflicto interior, no dialogado, con su yo mono. Ser imparcial es una entelequia rupturista, o creación cultural de los humanos, desdoblándose de la personalidad nativa y opaca, el mono..

No me gusta ser imparcial, porque contradice mi rol de sociólogo. Un profesor de sociología en la UCV, me dijo una vez, siendo yo estudiante, qué ‘sólo los muertos eran imparciales, porque no podían opinar, y mucho menos hacer ciencia’. Hoy en día esta de moda decir con elocuencia: ‘Una cosa es opinión y otra es información’, como si la información fuese neutral, ajustada a los hechos. En realidad el mundo está recreado de perspectivas inacabadas (polvorín), de ahí que dividamos el mundo, en concepciones político subjetivas,  en izquierda, derecha y populismo multicolor. Decía Umberto Eco, en su última novela (Número cero) “no son las noticias las que hacen el periódico, sino el periódico el que hace las noticias, saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia”

La creencia de que hay dimensiones escondidas bajo la realidad, se conoce como: ‘piretología’ y la jerarquización de dicha dimensión llevada a la política se llama Podemismo. La descripción y diagnostico del fenómeno del populismo por parte de la elite intelectual, científica, y en los (mass media) de comunicación, es contradictoria. No podía ser de otra manera, de ahí que, unos lo perciban como un problema de orden político, y otros como un fenómeno social romántico, de oprimidos vs. opresores. —Es la vieja teoría del buen salvaje de Rousseau, el sueño recurrente de la izquierda nihilista, enfrentada, per se, con el sentido de la vida, o modelo capitalista, creador de malas conciencias.

Hay quien se indigna por primera vez, como si ese sentimiento reflexivo y moral, fuese una revelación única, del verdadero sentido y dirección moral de la humanidad (‘la piretología’). Ello empodera al individuo y lo legítima para otras acciones rupturistas con la realidad, la realidad ya no me representa, (la negación nihilista) como afirmación posibilista de una nueva conciencia (germinal) de la libertad, el hombre nuevo. La organización de la mentira, es antitética al establishment, y sus élites, presentadas como castas dominantes. Lenin, lo tuvo claro: “Si no eres parte de la solución , entonces eres parte del problema . ¡Actúa!”

El mensaje y el sentido del manifiesto de Stéphane Hessel, de todo es malo, y puede ser aún peor, despierta la conciencia ‘piretológica’ del Podemita, o adánico. Estar indignado te capacita para todo, incluso, para reinventar el mundo. Ustedes se imaginan a alguien así en política. Claro que sí, se llaman Podemita español, nuevo estado de ilustración del siglo XXI.

La imaginación sociológica, dice, W. Mills, nos permite captar la historia y la biografía y la relación entre ambas dentro de la sociedad. —Yo agregaría más— también las relaciones entre las cosas en tiempo real, como manifestaciones del cambio. Esa es su tarea y promesa. Reconocer esa tarea y promesa es la señal del analista social clásico. El sentido común nos hace creer que en política, nada está inventado, pero en realidad, si que lo está.

El enfrentamiento taxativo (irrebatible) por el control del movimiento populista PODEMOS, entre Pablistas vs. Errejonistas, ha dejado al descubierto las vergüenzas (el culo al aire). Las contradicciones físicas, ideológicas, y ambiciones entre el «aceite y el vinagre» el resultado ha sido una división de libro «fifty and fifty» por el control del aparato, o control de la cosa. El concepto ‘hippie’ de los hijos de las flores, ‘paz, amor y fantasía infinita con la naturaleza’, no ha existido, ni se le espera. La política, supera la comuna ideal del falansterio anarquista de la igualdad y la idea de justicia distributiva. No todo es plebiscitario en la sociedades complejas. No lo he descubierto, yo. Fue el estagirita Aristóteles, el que intuyo el concepto de sociedad compleja, y la delegación de poder, como uno de los granes logros de la civilización occidental, contra el desgobierno de todos, opinando de todo.

La división ideológica, no puede definirse como armonía, sino antagonismo, puro y duro. Ni en sociedad, ni en manada, la competencia por el liderazgo y el territorio, resultan benévolas. Aquí lo visible, es una pelea callejera de testosterona sin ideas. Es un combate de ambiciones, sin corazón, en términos de negocios y accionariado. Si esta pelea entre gallos por el coroto ( la cosa) es un ejemplo de modelo de “regeneración democrática” yo soy un pingüino nativo del sahara.

‘No hay que alterar nada, si queremos altéralo todo’ El enunciado no es errático, solo funciona para la política, responde a una ley ‘natural de la sociedad’. Es lo contrario a las leyes positivas, que regulan la política en democracia (sociedad analógica). Si no te mueves por mucho tiempo, te mueven a la fuerza, carajo!

El empoderamiento social horizontal (sociedad hiperconectada) regula esta nueva ley del movimiento político. Lo estático conspira contra sí mismo en el populismo. Lo decía Pablo Picasso: «La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando»

Esta nueva versión inversa al aforismo literario de la novela El Gatopardo: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”. “Es una de esas batallas que se libran para que todo siga como está”  La frese de la novela el ‘Gatopardo’ de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, es una de esas freses brillantes que inauguran un nuevo tiempo para un nuevo siglo. La política, se reinventa en estos aforismos literarios, cuyo único fin es  la de ilustrar nuestra propia incapacidad de síntesis, ‘incapacidad de pasar de una perspectiva a otra’ diría: W. Mills. A veces pareciera ser más un recurso retorico, que una constatación de los hechos.

Contradecir la realidad histórica, es Podemita, e incluso negar los hechos, es Podemita; es una necesidad de la nueva política (el populismo) La historia no se refuta, sino que se niega (he ahí el método marxista) Contra las ideas hegemónicas, la negación como metodología marxista es de libro (digamos que la discusión no se halla en Hegel) No se trata de filosofía de las ideas, ni de una concepción del mundo, sino de método revolucionario. Como diría Lenin, ‘la revolución es la organización de la mentira’ Ha sido así en el socialismo utópico, y sigue siendo así hoy día, como gramática y estética del populismo.

El populismo, sin ideología, se reinventa en el pragmatismo organizativo, en realidad no existe ortodoxia populista. Existe pragmatismo sin ideología, organización. Primero porque son incapaces de generar sus propias ideas. Segundo porque los populismos se rebelan verbalmente contra todo lo existente, contra los convencionalismos, incluso su propio credo. Y si es necesario contra sus creadores, como ‘la purga contra los errejonistas’. Si existe el populismo, este por definición es movimiento. No tiene marco positivo, no hay ley que lo regule, porque todo en él, es naturaleza (pulsión) instinto.

“Existe la conciencia del enfermo y el enfermo en la conciencia” Una esta legitimada, la otra es miseria para quien la padece. Una es consecuencia o respuesta biológica al medio, la otra es cultural. Una es benigno, la otro mortal. La sociología y la antropología explican bien esta configuración psicosocial en las sociedades urbanas (la cultura de la pobreza).

Una parte del éxito del populismo, es entroncar con ‘el enfermo en la conciencia’. homologar promesas y beneficios con frustraciones atávicas nativas. He ahí, la mecánica del relato populista, que no es nuevo, es nativo, de la cultura de la pobreza, el odio, la exclusión, la ignorancia y el fracaso; bases del modo rupturista con la realidad. No es un modelo de izquierda, ni de derechas, sino de expectativas: “En realidad el mundo está recreado de perspectivas inacabadas (polvorín), de ahí que dividamos el mundo, en concepciones político subjetivas,  en izquierda, derecha y populismo multicolor.

¿Qué es lo qué no vemos, que nadie ve, que tú ves, que nadie ve? Para el Nobel de literatura Bob Dylan, la respuesta estaría en el viento. Pero me parece a mi, que ese viento es del siglo pasado; pero estamos en tiempo muerto, agonizando el año 2016 y sin respuesta aparente. A un intelectual nunca, pero nunca, le plantees esta pregunta, porque se situaría fuera de la lógica formal, el jardín fecundo de las especulaciones elegantes. Estamos obligados a opinar, sobre opiniones, no sobre realidades, se opina sobre lo que no se ve. Al final terminamos viendo lo que nadie ve, la nueva realidad del cambio. Las masas sólo ven lo que tú ves que nadie ve. Se cumple aquí el mensaje de: Godot no vendrá hoy, “pero mañana seguro que sí”.

Un análisis marxista clásico nunca hubiera podido entrever que la tecnocrática América fuese capaz de producir un elemento potencialmente revolucionario entre su propia juventud. La burguesía, en lugar de descubrir a su enemigo de clase en las fábricas, lo encuentra al otro lado de la mesa llena de mantequilla y bistecs, encarnado en sus propios hijos mimados. « EL NACIMIENTO DE UNA CONTRACULTURA / Theodore Roszak»