“El vacío del vértice”

Obra de la Artista: Michelle Maguire

 

El vértice del miedo.

La imaginación sociológica para mí es: “la praxis de descubrir cosas donde otros ya no ven nada o han dejado de buscar” Lo denomino, fenomenología de la cosificación del mundo y de las ideas concomitantes pero sin conciencia. En ese mismo orden se suceden, cosas con ciencia, o sin ciencia, y solapadas. La subordinación al mecanismo de «cosificación» en las ciencias sociales, no es otra cosa que el mecanismo de enmascarar lo sensible al conocimiento crítico. Dejamos de ver en lo cosificado el elemento cosificador, es decir, el ser social de las cosas.

La teoría psicológica de Abraham Maslow conocida como ‘Pirámide de Maslow’ es una de esas “cosas” cosificadas por el intelecto científico. La teoría de la escalabilidad de la Pirámide de Maslow no ha tenido utilidad fáctica alguna para la ciencia, pero sí fondo de armario en muchas otras teorías sin conocimiento del hombre primitivo y sus necesidades biológicas y sociales. En realidad el hombre primitivo, el de las necesidades primarias, nunca dejo de existir. El hombre como homínido superior, es un ‘ser programático, antes que cualquier otra “cosa” descrita por ‘el ascenso del hombre / de Jacob Bronowski’ No es un animal que evoluciona escalonadamente quemando etapas irreversibles como la genética, especie de máquina del tiempo, sino que, dichas etapas las acumula como parte marginal de conocimiento cosificado.

El animal inacabado (el hombre) es capaz de representar desde la primera a la última de las etapas de la evolución socio-cultural, no existe el ascenso lineal; el ascenso como progreso sí, pero lineal no. A mi modo de ver: El principio teórico de la ‘Pirámide de Maslow’ se debería plantear, también, en escala descendente. No es una pirámide de la evolución, eso es cierto, sino del progreso del hombre en términos psicosociales, por lo tanto, puede darse en ambos sentidos, una vez alcanzado el vértice, en las sociedades más avanzadas y desarrolladas, de forma inversa al movimiento de la historia conocida cosificada. De ahí, las conjeturas del sociólogo norteamericano Alvin Toffler. ‘Aprender y desaprender’ es la nueva máquina adaptativa de la humanidad. Realmente siempre ha sido así la ecuación; pero debo decir a favor de Alvin Toffler, que ahora lo es en forma de conciencia colectiva en el vértice de la pirámide, el espacio de la descosificación. Es el nuevo sustrato de las masas; algo que nunca tuvieron antes en la historia. “Masas capaces de aprender y desaprender según sus necesidades aprendidas en sociedad”. En realidad no todo es aprendido, sino, aceptación y resignación. Es el mecanismo del éxito de lo social.

¿Es posible la reversibilidad de la Pirámide de Maslow?, es decir, que ella revierta el sentido de las necesidades, con independencia de los niveles de satisfacción humana de las sociedades avanzadas, ´si asumimos que lo satisfecho, ya no cuenta, no suma. Estaríamos ante hechos inéditos. Los pueblos descienden hacia necesidades pseudobiológicas, o más bien, suprabiológica; sucede cuando lo racional deja de operar en la conciencia, la posverdad. “Sólo las necesidades no satisfechas influyen en el comportamiento de todas las personas, pues las necesidades satisfechas no generan comportamiento alguno, o movimiento” ¿Y qué pasa en las sociedades hipersatisfechas?. ¿Acaso se detiene el ritmo de ascenso social? Si atendemos al principio de: “Las necesidades fisiológicas nacen con la persona (el animal), el resto de las necesidades surgen con el transcurso de la vida en sociedad. El fenómeno ‘concomitante’ entre lo básico y lo racional, nos permite desandar la pirámide, es decir, desaprender.

El nacionalismo y/o el populismo son la expresión de este fenómeno antropológico, social y político de la ‘concomitancia’; es la reversibilidad de la Pirámide psicológica de Maslow. Satisfechas todas las necesidades e incluso las falsas y las intelectuales en las sociedades avanzadas, éstas no generan comportamiento alguno. Todas las viejas conquistas satisfechas, según el enunciado de la cúspide de la Pirámide de Maslow, no generan comportamiento alguno, son anuladas. Ya nada les representa como valor. Los lazos morales, la convivencia, la moralidad, la creatividad, la espontaneidad, la falta de prejuicios, la aceptabilidad, e incluso las leyes, y el contrato social roussoniano. Sí no se puede seguir avanzando en la cúspide, en el vértice, se deja de pertenecer a ello, lo cosificado deja de serlo, y sólo queda ‘aprender y desaprender’, volver a la necesidades tribales de lo básico, lo primario de las culturas ancestrales, la tribu como necesidad, donde eramos felices y no lo sabíamos.

El problema político de los demócratas con el nacionalismo, son sus propias contradicciones, la sociedad abierta como moral última se cosifica, se vacía de contenido. Al contrario sucede en el ceno del nacionalismo radical escéptico, limpio sin macula, que adolece de tolerancia, abertura y convivencia. Las necesidades básicas no necesitan de un componente moral. Lo arcádico no responde a ninguna teoría, que no sean las leyes naturales del reino animal, y el edén, la patria bonita, el orgasmo definitivo. En otro orden de ideas, el nacionalismo es la expresión política de la religión horizontal sin Dios.

¿Qué sucede en el techo de la Pirámide, el vértice del miedo, cuando las los valores de cohesión, convivencia, sacrifico, solidaridad, representación, respeto, libertades, universalidad, leyes y moral. Una vez satisfechas las viejas necesidades estas ya no generan comportamiento solidario alguno; han caducado como los Yogures? Los nacionalismos son la expresión de las sociedades ociosas, sociedades del bienestar, el progreso, que aprenden y desaprenden en su camino de vuelta a la base de la Pirámide de Maslow, el mundo de las necesidades básicas y primarias como la tribu, creadora del concepto de hogar. La vuelta feliz a casa, dejar la aldea mundial para volver a la aldea real.

El overbooking en la cúspide de la Pirámide de Maslow es un problema real actual. La globalización ha puesto en ‘riesgo’ (ciénaga) la convivencia en la autorrealización del estado de bienestar. Si el mecanismo psicológico que describe Maslow es real, como la lotería de navidad; la desactivación por efecto de la dinámica de la satisfacción de necesidades de autorrealización en el vértice de la Pirámide, crea malestar (globalifobia) la vuelta a la base de la Pirámide, es una “nueva” necesidad del orden de las primitivas, la tribu, o la vieja nación. Mi tesis sobre el vértice de la pirámide se basa en la pregunta ¿Qué pasa después de la autorrealización en el vértice? ¿Se avanza, pero hacia dónde? ¿Después de la autorrealización qué? En realidad el vértice vacío, es el vértice del miedo, la globalifobia, “la rebelión estéril” Según Maslow nadie regresa del vértice, a menos que las condiciones materiales cambien a peor.

El estadio superior de la sociedad, es la crítica.

La sociedad de la crítica
¿Estamos ante la generación más informada, y la peor preparada de la historia? La pregunta no pretende ser categórica, o establecer un enunciado, más bien está abierto a la discusión. De esto y de aquello está hecho el espacio político. Si algo tengo claro, es que no estamos ante una contracultura incipiente, sino frente a la cultura. De ahí que nadie se oponga a su estructura de espiral envolvente «naturaleza» El populismo ha sabido adaptarse a los nuevos escenarios del mercado disruptivo «consumo y autoproducción de información y distribución social colaborativa»

Los partidos políticos democráticos son estructuras permeables a la envolvente espiral de opinión pública de masas y a la crítica. No solo es estética formal, también es la moral de lo público. En la sociedad abierta, la cultura de la crítica, está abriendo ya las posibilidades de una real transformación de la sociedad. La verdadera transformación de la sociedad es la crítica, en todos los órdenes, incluido el mercado. Atrás ha quedado el fantasma utópico del topo locuaz de la revolución.

El problema de un partido comienza cuando sus muertos no se dejan enterrar (caso PSOE). Me pregunto si este autogolpe, es por el liderato, o algo más larvado al conocimiento,  que la simple lucha por la cosa. Es evidente que si eliminamos la cosificación que acabo de esbozar, de las condiciones objetivas de liderato, y las convertimos en lucha ideológica y generacional, lo cual es posible únicamente si el objeto se transforma en otra cosa. No sería la primera vez que un grupo intenta alterar el contexto cultural e ideológico de un partido, negando su devenir histórico. «Lo viejo ya no nos representa» «Yo, no infrinjo las reglas, las corrijo»…

Cuando la ciencia, la razón de estado y las instituciones se convierten en rehenes del «populismo hegemónico» ¿Qué fuerza moral tenemos para reprochar a “los jóvenes de la cultura de la información” su deriva populista, si lo que digamos suena a lo viejo vivido, contra la promesa de cambio, lo no vivido? Zambullirse en la excitación “Podemita” jungiana de las mareas y las olas del cambio, para transmitir vibraciones buenas a los votantes, se percibe como mercancía falsa. El populismo señor Sánchez, es ante todo autentica mercancía mística de ahí que tenga un mercado bien informado (no necesariamente culto) pero si fiel a la mercancía de las ideas del cambio.

Ejemplos de mercancía mística son «la regeneración democrática», «la transparencia», «el derecho a decidir», «las fuerzas del cambio», «la democracia real», «la caducidad de La Constitución de 1978» «la crisis del régimen», «la corrupción sistémica» «el poder financiero» etc. En realidad, para un sociólogo estudioso de la fenomenología de los hechos o sociología del conocimiento. Lo único nuevo aquí es nuestra incapacidad de respuesta a la ‘magia negra política’ de nueva generación, en modo código fuente, o código abierto.

A pesar de su frecuente vulgaridad a perderse en medio de un frenesí exótico de verdades absolutas, irrefutables sobre el bien y el mal, los pobres y los ricos, su poder es efímero, como todo lo horizontal, sin leyes y versionado hasta el infinito. El populismo es en su esencia reafirmación del pensamiento místico o religión horizontal sin Dios, el viejo pragmatismo populista de Gramsci.

Afortunadamente todos los populismos hegemónicos se han ido de la misma forma como han llegado, dentro de una crisis económica y de valores; no hay más que revisar la historia de occidente para conocer  sus fracasos y su costo humano. Los ciclos de irrupción histórica del populismo son cada vez más cortos, y también su duración. De seguir esta tendencia –lo digo como sociólogo. El populismo tendera a cero a medida que se aceleran los ciclos de concurrencia e hiperinformación. En términos históricos, el fenómeno en sí, no tendrá relevancia ideológica y mucho menos materialidad fáctica.

“Ciertamente, no es ésta la primera vez, a lo largo de la historia, que los centauros arremeten contra el templo de Apolo; no es la primera vez que los “marginados” del “sistema” intentan alterar su contexto cultural. Lo nuevo del caso está en que ese movimiento no lo encabezan hoy los desheredados de la fortuna, sino los hijos privilegiados de «la sociedad de la información». , la clase media….” (El nacimiento de una contracultura / Theodore Roszak)

Sin cosificación, no hay conocimiento racional, como tampoco conocimiento de nuestra propia humanidad, ni de nuestra existencia, el objeto humano, el ser. En algún momento de la evolución de los homínidos, nos convertimos en homos-cosificados, ahí comenzó la aventura del hombre, su relato. Hasta el día, sigue siendo así, hasta en una hipotética humanidad virtualizada. Saber el mecanismo de la cosificación, es ampliar los limites de nuestro conocimiento. ““Allí donde están las fronteras de mi lengua, están los límites de mi mundo.” Ludwig Wittgenstein”

En toda teoría  crítica de la sociedad hay que saber diferenciar entre poder real y poder aparente, entre cambio y evolución. En definitiva, saber diferenciar entre objeto y sujeto. Todo cambio generacional es biológico. Lo que lo hace transcendente es su excepcionalidad, es decir, cuando éste deja de ser el objeto para convertirse en el sujeto una teoría del cambio. Si el poder aparente pasa a ser real, estamos en presencia de una nueva representación de su ser social, el cambio de materialidad.

La sociedad de la información y la comunicación se manifiesta como empoderamiento social. De ahí podemos inferir muchas cosas (cosificación) pero cuando algunos objetos se reconfiguran como factores del cambio, entonces decimos que han dejado de ser objetos para convertirse en el sujeto de una teoría del cambio. No hay ruptura generacional cultural, a menos que nos comparemos con los analfabetos de Toffler. “Los analfabetos del siglo XXI no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no sepan aprender, desaprender y reaprender.” Alvin Toffler

No hablo de actitudes, ni de habilidades singulares, tampoco de nativos digitales. Hablo del poder real de las clases medias, dónde radica el cambio y reposa el poder real. La sociedad conectada y de la información ha tomado el relevo del poder real, en términos de poder populista, nueva moral colectiva. Por ahora son el sujeto de la teoría crítica del cambio. Por fortuna, no tienen un plan viable de sociedad alternativa. Nada que tenga como fuente al socialismo utópico del unicornio azul, ha traído libertad, ni progreso económico, hasta ahora.

“El filosofo Herbert Marcuse ha intentado mostrar precisamente que la utopía es ya un muerto histórico, que el pensamiento, en su negatividad, (socialismo utópico o filosofía negativa) no denuncia tan sólo lo existente, sino que además, al criticarlo, está abriendo ya las posibilidades de una real transformación” Ninguna etiqueta Podemita, o movimiento populista, cambiara nada que no esté preconcebido socialmente en términos materiales e históricos de ser susceptible de cambio. El asalto a los cielos, es parte de la filosofía negativa y un anacronismo político.

El estadio superior de la sociedad, es la crítica, no la revolución. La crítica se ha optimizado gracias a la sociedad hiperconectada, ha encontrado en ella su vehículo de distribución y concurrencia ideales. La sociedad abierta, ha pasado hacer sociedad disruptiva. La cosificación objetiva es el mercado disruptivo por excelencia, como en su día lo fuera la teoría marxista del mundo convertido en mercancía por capitalismo. El proceso fenomenológico es parecido, lo que falla, es la creencia de que ello nos hace menos libres. El hombre en estado de naturaleza, no es hombre, y su racionalidad no es la convivencia, sino la supervivencia. “Es la razón humana reducida a sus fuerzas individuales, no es sino una bestia cuya potencia se reduce a destruir”.