El problema es el planteamiento. (II)*

La madrugada me encontró trabajando en la búsqueda del santo grial del diseño. Era sábado de primavera de playa para muchos, pero yo me encontraba atascado luchando infructuoso contra una idea por defecto viciosa, que no respondía “al planteamiento inicial del problema planteado por Petkoff”. Sabía por experiencia que la solución a un problema mal planteado es una mierda. Ese día dediqué cada minuto de vigor a la misión, un encargo in extreme de Teodoro Petkoff: El diseño gráfico para un partido político no marxista, no autoritario, abierto y democrático, llamado: Movimiento al Socialismo MAS. –Por lo menos yo compre el producto–. Pasé el fin de semana confinado en mi habitación 3-IN-ONE, especie de estudio de trabajo, Isla robinsoniana y dormitorio, eso sí, escuchando a The Who, Janis Joplin, Led Zeppelin, Joe Cocker, Carole King y Joan Báez. Siempre he mantenido la creencia de que el diseño es producto de lo que escuchas y consumes.

Confieso que no podía dormir esa noche del viernes para el sábado; lo que me hizo madrugar fue el sentido del orgullo, la estima y el escozor del desafío. No es que no tuviese una idea de diseño inicial, el problema fue que la primera idea que tuve nunca llegó a abandonarme. Incluso por encima de otros diseños rupturistas y con más recuerdo e impacto visual. La primera idea de diseño fue en apariencia fatal y ruinosa, era digna del diván Jacques Lacan. Se había convertido en un problema de contaminación visual obsesiva. Y no tenía tiempo para una descontaminación documental apropiada, tampoco disponía de un layout orientativo y menos un dossier, sólo de un ‘planteamiento inicial’. Me encontraba como (Gary Cooper viendo el reloj) “Solo ante el peligro” con la diferencia, que una es ficción y lo mío realidad. Hay quienes piensan que el diseño no duele, pero se equivocan, lo que cobra vida siempre duele. Es el síndrome de Pigmalión.

“Cuando un cliente te dice ‘métele más diseño’ es porque te ha perdido el respeto, en otras palabras, estás muerto / M. E. Ponte

Durante mucho tiempo, quizás demasiado, tuve el afiche como segunda piel. Vivía rodeado de su materia estética y sus mundos coloridos de vanguardia. El cartel era el paisaje, como para otros, eran los discos de salsa, el rock and roll, y las barajitas de beisbol. En realidad nunca he sido un coleccionista ni fans de ninguna cosa, ni he estado encerrado en ellas… Mi estancia estaba tapizada de gritos y mensajes de rebeldía, a veces contradictorios entre ellos, eso sí, ninguno era un dechado de racionalidad virtuosa. En realidad estaban ahí para recordarme que no todo en el cosmos era izquierda, derecha y armonía. Me gustaban más por su estética disruptiva que por lo que revindicaban. Mi intelecto (formación) no se correspondía con la cultura de la pequeña burguesía acomodada de los nuevos ricos, que compraban libros por metros y colores que combinarán con las cortinas y los muebles del salón. Y si eran enciclopedias Salvat mejor, que mejor.

“El mundo no está hecho de verdades, sino de realidades que no gustan a todos”. Manuel Eduardo Ponte

En los años 70´ disfruté de la mayor panoplia de carteles gráficos de la historia antes de su inesperada muerte súbita a mediados de los 80′, la década Kitsch. En aquellos días se podía viajar por la historia contemporánea a través del cartel sin movernos de un lugar, e incluso, escribir nuestra propia crónica sugestiva de la historia que nos había tocado vivir o sobrevivir a ella. La Era de las oscilaciones ideológicas. Sabíamos como sociedad en qué estábamos, además que pensábamos con sólo mirar un cartel. De esto y de aquello, estaban hechas nuestras conciencias y nuestros sueños, llamémosle alienación. Hay un libro de antipsiquiatría intitulado “viaje a través de la locura de: Mary Edith Barnes y Joseph H. Berke”. Quizás debería yo escribir otro ensayo con un título igual de sugerente: “Viaje a través de la locura del cartel de los años 70´, los orígenes de la locura.

En tres días con sus lunas, cree el logotipo del puño en alto del MAS, cuyo diseño en apariencia ya existía en la memoria social de las dos últimas décadas. A veces el diseño es un proceso de síntesis y aproximación, más que de originalidad y capricho. Nadie crea nada más allá de su espectro sociocultural. Los diseñadores gráficos estábamos acostumbrados a crear cosas sin atender a la demografía de los pueblos. Seguíamos las pautas del arte, que no pregunta, se impone. No conocía a ningún artista universal haciendo encuestas de opinión, o realizando degustaciones en los supermercados de sus obras para ir haciendo correctivos al producto. El problema a día de hoy sigue siendo el mismo. Aunque las nuevas tecnologías de la comunicación y la información nos permiten en tiempo real testar nuestras obras; de hecho, se escriben novelas adaptadas a los públicos en función de sus perfiles.

La leyenda urbana dice: “Un cartel es un grito pegado en la pared”, creo recordar que fue David Ogilvy, padre de la publicidad moderna y progenitor de la frase, y no el artista Español José Renau, a quien erróneamente se le atribuido. Seamos justos. Demos al publicista lo que es del publicista, y a Dios, lo que es de Dios.

La población en Venezuela, para aquel entonces, era en su mayoría rural y provinciana, mal informada y comunicada con el mundo geopolítico y sus vicisitudes histórica, su comunidad de intereses eran otros. El Estado no llegaba a todas las partes del territorio, pero Acción Democrática, y la cerveza Polar, ¡sí!  Crear un logotipo para un nuevo partido, en teoría para mí, “podría funcionar cualquier cosa”. Sí así era, por qué no probar con cosas ya testadas en la sociedad del cambio, y la protesta como forma de vida, per se.  

Qué decir de Bob Gill, para aquel entonces, sabía muy poco de él como diseñador gráfico y nada de su trayectoria profesional y de su pensamiento creativo… No niego que su lenguaje gráfico no tuviese algún impacto didáctico y formativo en mis ideas de diseño gráfico, pero no de forma consciente. Pero a diferencia con Bruno Munari, de quien conocía su obra, trayectoria y método, a Bob Gill no le conocía como teórico del diseño gráfico. Bruno Munari, para aquél entonces, era un diseñador y artista de culto . Representaba para mí las claves y las esencias que entran en juego en el proceso creativo de diseño gráfico. Munari también fue un precursor de todo lo conocido en diseño gráfico, incluido hoy día el arte fractal y digital.

“Cuando alguien dice: ésto lo sé hacer yo también, quiere decir que lo sabe recrear o de lo contrario ya lo habría hecho”. Bruno Munari.

Muchos años después en la librería “Lectura” del centro comercial Chacaíto, compre un libro del Bob Gill, dónde exponía su método creativo, algo así como: más allá de las reglas del diseño bonito. Leyéndolo en detalle me sorprendió que coincidiésemos durante tanto tiempo, en tantas partes y en tantas cosas, sin conocer sus ideas sobre su método creativo: “dar vuelta a la tortilla”. Todo planteamiento inicial de un problema, le corresponde un replanteamiento. El problema está en el propio planteamiento inicial como obstáculo. Hay que hablar de soluciones e ideas en lugar de diseño. El diseño gráfico debe ser un proceso para resolver problemas de comunicación. Replantéate el problema y harás cosas grandes.

“Si hoy tuviese que publicar mi propio método creativo, el libro tendría novecientas noventa y nueve páginas en blanco. Y en el primer folio el siguiente y único epígrafe a mitad de página: “El problema es el planteamiento” los otros 998 folios son el trabajo de investigación. En pocas palabras: no hay reglas, hay método”. Manuel Eduardo Ponte .


(III)* Todo diseño gráfico aspira a ser autoritario.

Entre Yevtushenko y Teodoro Petkoff (I)*

Qué difícil me resulta plantearme un viaje a un pasado con más de 45 años en distancia y olvido. Separar el brillo de la sombra, lo trascendente de lo nimio, la ilusión de la utopía, lo idiosincrásico de la apariencia. Una mirada a los años 70’s, es algo más que un relato episódico o sofisma del intelecto. Es un sosegado sentimiento de racionalidad triunfal. Una vista a la contracultura, las protestas sociales, la psicodelia y los campus universitarios. Es una crónica narrativa que describe a una década paradigmática del siglo pasado de mi adolescencia. El decenio de los elegidos, los picos de plata y los nerds. 

Los modernos denominan relato a aquellas cosas inanimadas que pueden echar el cuento, –digo- que las cosas al tener historia hablan de sí mismas, tienen alma –primitivismo animista– relatan lo sensible al conocimiento mágico intuitivo. Los antiguos decimos testimonio, narración, crónica, vivencia. Pero cuando se cosifican los hechos la historia se convierte en obituario, entonces, se producen relatos, de ahí la importancia de separar el relato de narración. A diferencia que a los objetos, la mundología humana cuenta historias, narran experiencias, recrean el universo, producen crónicas. Ambos modelos, relato y crónica, manifiestan y modifican –lo digo sin ambigüedades– mi exacerbada dependencia material e inmaterial con el decenio de los 70´s lo que supuso la pátina oxidada de todo lo que digo y dejo de decir. No pretendo ser auténtico, ni autocrítico, tampoco arbitrario, sólo yo.

Y a pesar de todo ello intentaré describir las intimidades que rodearon mi encuentro con Teodoro Petkoff, el político, porque el humano no se aprende en un día, y a veces nunca. Sólo hubo tiempo para empatizar en lo esencial. Pero eso no me impedirá bosquejar una semblanza amable que nos acerqué al contexto simbólico y emocional de ese momento conspirativo del destino, y el cómo y cuándo surgió el diseño del logotipo del puño alzado del partido, movimiento al socialismo MAS.

Estos hechos se sucedieron a caballo entre dos décadas, estando yo afianzado con un pie en cada estribo de los 60´s / 70´s, quizás fueron los periodos de cambio y efervescencia social más icónico en hitos y paradigmas de la historia del siglo XX. Supusieron los años más fértiles de la contracultura y las sempiternas protestas juveniles. Años de movimientos políticos, sociales, económicos; y de la embriaguez de los  límites al crecimiento, la tercera vía política, y el socialismo utópico libertario; una auténtica cornucopia mecánica del cambio y el hartazgo.

El encuentro con Petkoff ocurrió en Caracas, en casa de los padres de mi amigo Plinio Junior, compañero de estudios en el Liceo Andrés Bello y de extensas lecturas comprometidas y debates inútiles irresolutos. Lo último que he sabido de él, de Plinio, es su ascendente y brillante carrera profesional como profesor y catedrático de Ciencias Políticas y Sociología, en la Universidad de Princeton USA. Y además que sigue casado con mi exnovia Rebeca, también profesora en Princeton University.

“Princeton es una de las mejores universidades del mundo con siete nominaciones consecutivas al primer puesto por la revista US News & World Report; de 2001 a 2018 logró el puesto número uno 16 veces por encima de las prestigiosas Harvard, Yale, Stanford y Chicago”

El Padre de Plinio era catedrático y profesor influyente en la mejor universidad autónoma de latinoamérica: Universidad Central de Venezuela UCV de Caracas. Ellos vivían en un moderno y  modesto edificio de apartamentos frente al Liceo Andrés Bello, en la avenida México, entre el Parque Carabobo y la Galería de Arte Nacional de Venezuela (GAN) y la emisora de Radio Continente.

Esa misma mañana de un día más de primavera, el liceo había sido allanado por los “Tombos” la policía metropolitana antidisturbios del gobierno democrático de Rafael Caldera; después de una intensa protesta de dos días de encierro en el instituto y acoso, los cascos blancos de la policía habían decidido tomar las instalaciones del liceo. En medio de esa batalla campal, entre deflagraciones, gases lacrimógenos, rolazos, y detenciones a diestra y siniestra, pudimos con suerte escabullirnos. El único lugar que se ofrecía franco y seguro para esperar que amainara la refriega y la persecuciones, fue refugiarnos en casa de Plinio, yo y tres compañeros más de estudios.

La Madre de Plinio nos retuvo en el apartamento durante más de dos horas, eran las doce del mediodía, y nos invitó a almorzar. Comimos espaguetis con carne molida, salsa kétchup y PepsiCola. Llegada la hora de abandonar el improvisado refugio (concha), la madre de Plinio, la señora Matilde, no me dejó partir con los demás compañeros, tampoco a Plinio, para evitar que nos metieramos en serios problemas.  Yo era el más joven de todos ellos. La realidad es que siempre me trataron con deferencia familiar y especial protección, incluso me lleve mi habitual dosis de reprimenda y sermón. Así que tuve que quedarme hasta que llegara el profesor Hessen, padre de mi amigo y anfitrión, para luego acercarme a casa, sano y salvo, dónde me esperaba otra regañina más. Los padres de Plinio siempre responsables reprobaron mi precoz e impropio activismo político, por estúpido.

El profesor Hessen llegó a las seis de la tarde acompañado de tres líderes políticos populares “in crescendo” de los medios y rotativos del momento: Teodoro Petkoff, Argelia Laya, Pompeyo Márquez. Wow! Era la primera vez que los veía en carne y hueso a las leyendas vivas de la fuga del Cuartel San Carlos, (prisión militar y política) Eran los futuros líderes de la nueva izquierda democrática, de índole socio-cultural y la propuesta contrastada de un intelectual nuevo que supera las contradicciones clásicas de la izquierda marxista y totalitaria. Además era un referente político del incipiente movimiento “Poder Joven”, con el cual yo simpatizaba. Éramos una especie de “flower power sin fronteras”. Los cuatro venían de ser entrevistados en la emisora de Radio cercana a la residencia de los Hessen, en la avenida México. 

Teodoro, Pompeyo, y la filósofa Argelia Laya a quien ya conocía de vista de una charla en el aula magna de la UCV. Ellos se sentaron alrededor de la mesa del comedor, se les veía más humanos, más accesibles, como en una tribu. Revisaban y comentaban la sintaxis de los último retoques del documento final de configuración de un nuevo partido político de izquierda no marxista, junto al profesor catedrático de derecho Plinio Hessen –hablaron sin reservas ni misterios –al parecer el documento había sido redactado con anterioridad y consensuado con otros fundadores y actores de la futura organización. La Madre de Plinio también participó activamente en los debates junto a Petkoff, fungiendo de cicerone.  La señora Matilde era buena oradora, poseía un discurso muy agudo, analítico y sagaz, solo equiparable al de Petkoff.

El momento inesperado llegó –lo tengo grabado en el recuerdo– fue cuando Teodoro Petkoff sujetando el documento con la mano izquierda, lanza en ristre, dijo con voz entreverada emotiva y convincente –sólo falta el logotipo para registrar esta vaina– Los padres de Plinio me miraron con complicidad y sonrientes a la vez que me señalaban como la solución al dilema del futuro símbolo. Me sentí ufano, el elegido.

La familia Hessen sabía por experiencia demostrada de mis conocimientos de diseño gráfico e ilustración. Era el creador del logotipo de su pequeña empresa editorial. Y de alguna que otra portada e ilustración; todas ellas óperas primas de un carajito liceísta. Me van a permitir contarles una historia entroncada con la de Petkoff. Luego entenderán su valor y el significado que tuvo en el desarrollo de mi juventud y vida profesional. Y cómo uno de esos trabajos de diseño ordenan y matizan esta historia. La que terminó convenciendo, no sin elogios, del propio Teodoro Petkoff sobre mi idoneidad como creativo y diseñador. Fue la portada y las ilustraciones en plumilla para la  “Autobiografía de Yevgueni Yevtushenko”, el poeta soviético vivo más importante de occidente del siglo XX. Dicha autobiográfica es a día de hoy una obra proscrita en Rusia, y quizás sea también, la piedra angular para entender al hombre, al político, su pensamiento y obra.

Años después tuve el privilegio y honor de conocer al poeta ruso Yevgueni Yevtushenko, en la Asociación de Escritores de Venezuela, situada en la Av. Lecuna. Aproveche la ocasión para pedirle que me autografiara el libro que traía de casa, se trataba de su autobiografía. Me sorprendió que el poeta desconociera la existencia de la obra que le mostré. Una edición bilingüe, diseñada e ilustrada  por mí, de su “Autobiografía precoz” basada en la publicada por primera vez en 1963 en París en una revista semanal por Yevtushenko. En 1966 volvería a ser editada en México, en formato libro; pero nada que ver con la versión bilingüe e Ilustrada como la que yo llevaba para ser autografiada por el poeta. 

En ese accidentado episodio pude percibir al poeta nativo que imaginaba mientras ilustraba su autobiografía, incluido el aire que respiraba, era extrañamente el mismo. Vi a Yevtushenko emocionarse cuando fisgaba entre folios e ilustraciones inéditas, a las que yo iba explicando en detalle dándoles vida… La edición clandestina de la autobiografía fue para él una sorpresa, y entre miradas y emociones cruzadas tuvo el propósito de comprarme el libro sin mucho éxito. En un último intento apeló a la intermediación del embajador de Rusia, que nos observaba firme como un gendarme solitario en su garita. Hizo las veces de improvisado delegado de negocios. El ilustre embajador, no era muy diplomático, tampoco destacaba por su lóbulo frontal, hablaba en plata contante y sonante, ofreciendo dinero, regalos, vacaciones en Rusia, y las obras completas de Karl Marx y Engels, en piel. También el embajador iba acompañado de un “jalabolas de turno” el conocido y acaudalado dueño de la joyería Volga, que me dio su tarjeta personal para que pasara al día siguiente por su lujosa Joyería. Intentaron convencerme, lo confieso,  por tierra, mar y aire, que les vendiera el libro a cualquier precio.

Por momentos, y a ráfagas, me sentí atrapado en la decadente escalinata del puerto de Odesa como en el film “El acorazado Potemkin” en medio de una balacera. Si Jesús de Nazaret, soportó cuarenta días, siendo tentado por el diablo, unos minutos no iban a vencer a un budista, neoliberal, consumista, hippie, anarquista, diseñador, publicista, anacoreta, y cliente del McDonald’s, el Tropiburger, el Drugstore de Chacaíto, y la librería Tecni-Ciencia, de la Torre Phelps.

Después de varios intentos persuasivos y tendenciosos de fuego cruzado, no me prostituí, no me vendí. Y dado el interés  caprichoso, pero humano, del poeta por el polémico libro autobiográfico de sus confesiones sobre la II guerra Mundial, que le valieron la prohibición de salida de Rusia, y una de las peores condenas para un intelectual, el ostracismo absoluto, la anulación de la persona, una muerte en vida. Le dije que me sentiría orgulloso y bien recompensado si lo aceptaba como obsequio… En realidad, al final, me quede sin “chivo y sin mecate”.

En los años venideros tuvimos una insignificante e irrelevante correspondencia de mutuos saludos, además de algún que otro díptico publicitario de su vigorosa agenda de hombre renacentista del siglo XX, un hombre orquesta. La última misiva fue para invitarme a su academia de cine en Rusia. Algo que me fue imposible atender.

Pero volviendo a lo que nos ha traído hasta aquí: Cómo conocí a Teodoro Petkoff, la persona, y la crónica de la gestación del diseño del puño en alto del nuevo partido MAS. Ese día de primavera no hubo tiempo para las dudas, las estrellas se habían alineado en mi favor –me sentía envanecido, ufano. Fue el mismo Teodoro Petkoff quien me interrogó sobre la idoneidad y responsabilidad de asumir el peso histórico de crear los símbolos gráficos de una nueva organización política, con pensamiento y discurso contemporáneo propio. Ese día todo resultó complicidad, urdimbre e historia.

De recordar, puedo subrayar unas frases de Petkoff que me acompañarán toda mi vida: “Si la idea del diseño –me dijo– no se inicia de forma subversiva que amotine tu mente, e insoportablemente recurrente, será algo frío, intrascendente, un fiambre de diseño, correcto tal vez, bonito también, pero sin alma. Queremos algo que tenga alma; no corazón, porque el corazón no soporta el tiempo, te lo voy a decir –claro y raspa’o– Si eres capaz de cambiar la visión que tenemos nosotros del logo para el Movimiento al Socialismo MAS, la misión es tuya, pero sólo hasta el próximo lunes, porque tenemos a alguien trabajando en ello”

La percepción que tenía Petkoff sobre mí cambió bruscamente, pienso que fue más por consideración al Profesor Plinio Hessen, que por la portada e ilustraciones del libro de Yevgueni Yevtushenko. Ahora sé que nunca lo sabré.

Me tocó precisar, antes que reafirmarme en el desafío de Petkoff y compañía. Me la estaba jugando: “Si ustedes tienen, como dicen tener, muchas ideas sobre el deber ser de un símbolo, quizás las estén confundiendo con lo que no debería ser el símbolo, e incluso ambas opciones a la vez son probables y legítimas. Y de ser esta última, no necesitan un diseñador, sino un dibujante o realizador que materialice vuestra idea del signo. Y posiblemente ya tendrán a alguien.

Con todo el respeto deduzco que ustedes no tienen ninguna idea final del diseño, porque todas las ideas no pueden ser válidas a la vez. Concurrentes sí, coincidentes no, y menos en un diseño; la dinámica política de los comportamientos sociales, no es extensible a todo y al todo, a veces lo obvio y evidente no tienen la misma presentación social para todos. La legitimidad de un logo es el recuerdo y consenso sobre una idea, no sobre todas las ideas. La concreción, no la dispersión, es el sujeto del diseño. EL signo antecede al logo, es una cuestión de semiótica elemental. Los signos ‘son parte’ de los procesos de comunicación no verbal de la historia de la humanidad.

No existen empresas creadas a partir de un logotipo. –Todos permanecieron en silencio– un signo vacío no es un logotipo, pretende serlo, pero no lo es. Los logos cuentan cosas que las persona ya conocen y asocian. Es un contenedor de experiencias y recuerdos, en definitiva, tienen una carga narrativa emocional compartida.

En realidad, no tengo que ponerme en modo diseño como ustedes bien sugieren, porque siempre lo he estado. Los logos cuentan o narran lo que los signos han ayudado a crear, se llama prestigio, de ahí la personalidad del logo como recuerdo, o el signo como contenedor” también hay signos que subvierten el orden de las ideas, y las orientan. Pero nunca un signo vacío cuenta historias.

Cuando os escuché hablar de la creación de un nuevo Partido Político, les dije, mi mente no os pidió permiso para elucubrar ideas y emociones, y precisar conceptos, es lo que usted definió magistralmente como insurgencia, le espeté a Teodoro –al que todos miran asintiendo un sí con la cabeza– También para buscar referentes empíricos, no pidió permiso, no solo en las ideas políticas, sino también en los signos comunicacionales históricos y la contemporaneidad del mensaje. Mi mente nunca pide permiso para insurgir y luego pensar, yo lo llamo ímpetu que precede al diseño.

Esa tarde: Todos deliberaron sobre diseño representación y función –la que más, Angélica Laya, la filósofa– lo sorprendente fue que no hubo controversia en el tiroteo de impresiones y argumentos, más bien coincidencias muy bien razonadas, no estaba frente a personas tercas e irreflexivas, botarates, sino de cara a la historia y sus gigantes.

Lo último que recuerdo de Petkoff, además de su insondable mirada azul, fue nuestro apretón de manos, que parecían conocerse de siempre y para siempre, y el “adelante, la misión es tuya compañero”. Pompeyo Márquez se acercó a mí, adelantando su mano a la mía, y me dijo: Espero que tus diseños sean tan buenos como tu retórica comercial…

No hay nada más que añadir que ustedes ya no sepan, o que no acierten sobre mi estimación y respeto por Teodoro Petkoff y los líderes fundadores del MAS: Fue un privilegio conocerlos –como quien ve por primera vez el mar, o lo escucha dentro de un caracol, con independencia del método –El problema surge cuando te habitúas a verlos y escucharlos, dejan de tener magia, sobretodo, cuando descubres que el sonido de los caracoles no es el sonido del mar. Tampoco olvido el peculiar contrato de palabra: “la misión es tuya”, sellada con un apretón de manos de todos ellos y el abrazo solidario de la ‘La comandante Jacinta’, la brillante y excepcional Angélica Laya, y el de la familia de mi amigo Plinio.

(*)  Primera parte.  10/12/2018 



El factor cubano

Nuestros problemas nacionales como Estado y sociedad libre democrática que fuimos, hasta no hace poco, dos lunas llenas, comenzaron desde el momento que dejamos que Hugo Chávez traicionara la soberanía nacional en favor de la invasión político-militar extranjera (hoja de ruta del Foro de São Paulo). Negar esta realidad nos ha desarmado ante el auténtico enemigo invisible, nos ha debilitado ante el invasor cubano. Hemos sido invadidos, asaltados, saqueados, humillados por una fuerza colonial político-militar adiestrada, en la invasión sigilosa sin balas, doctrina de São Paulo. Lo voy a llamar de aquí en adelante «el factor cubano»  para evitar entrar en conjeturas y adjetivaciones que nos alejen del fondo de la cuestión.

La invisibilidad del factor cubano en los problemas de  ingobernabilidad, ruina y colapso del país, no son por méritos propios del invasor y su aquilatada experiencia colonial, sino, por dejadez y permisividad del oprimido y sus cuitas hemorrágicas contradictorias. La ausencia de una oposición beligerante de fuerza con liderazgo político de amplia base popular, y una clase media dividida y autista, embriagada de éxito social y económico. Ambos con sus antagonismos de clase e interés, obscenamente mezquinos, e irreconciliables a día de hoy, son parte teatral del diseño del invasor.

La cohabitación y coexistencia actual de los viejos partidos políticos del 58 con el régimen totalitario chavista es una (ilusión de armonía) ello ha sido gracias al factor cubano, que han permitido  la existencia de partidos tradicionales viviendo con la dictadura, pero sin poder real y sin líderes, dejándolos expuestos a las exigencias y demandas sociales sin capacidad de respuesta, hasta su autodestrucción.

La clase política teatral en su huida hacia adelante se aferra a la inverosímil vía pacífica, la salida política democrática y pactada con el mayor holding criminal internacional de la historia de Latinoamérica, la izquierda fracasada de siempre, reconvertida en organizaciones corruptas, depredadoras y genocidas. El desconocimiento del factor cubano, como mediador en todos los procesos sociales y políticos, e incluso de seguridad nacional, imposibilitan una hipotética salida pactada de la dictadura.

Ser político no es una esencia humana, sino, una condición ciudadana. Cuando los partidos políticos son sombras de su pasado como sucede en Venezuela, y la actividad administrativa del estado languidece y colapsa, también la figura del ciudadano (sujeto de derechos) desaparece junto con la del político. Lo único que no desaparece en la ecuación clásica de las dictaduras, es la constante histórica de: una minoría dominante y una mayoría dirigida y oprimida, sin libertad, y hasta la miseria siempre.

La figura que mejor representa a la clase política de Venezuela en la V República es el teatro de sombras chinescas. El político en apariencia no ha desaparecido del todo del escenario nacional y mediático, es una sombra que no tiene poder real, sino aparente. Esta falsa ilusión de armonía democrática (electoralista) ha permitido el mayor desmantelamiento de la historia de un Estado de forma gradual y silenciosa con la anuencia colaboracionista de los partidos políticos tradicionales. La exposición a la luz que proyecta el régimen sobre los políticos los ha convertido en actores teatrales (tontos útiles) meras sombras chinescas, sin credibilidad, e incluso, odiados por el pueblo, cansados de su retorica mesiánica pacifica.

Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles: fue el primer invasor de la historia con método y diseño de conquista. En los imperios que invadió utilizó «Política de fusión» respetando las instituciones culturales, políticas y religiosas, con la falsa  apariencia de normalidad institucional para evitar el malestar social, y la resistencia. Así ha sido ejecutado en Venezuela  el plan de Foro de São Paulo, por los invasores cubanos, la invasión sin balas. Un ejemplo son los partidos políticos en Venezuela y la Asamblea Nacional, simples sombras chinescas animadas por la luz del régimen.

El otrora político está obligado a ponerle rostro y nombre al hundimiento y colapso del país, señalar culpables e identificarlos, e incluso ‘juzgarlos sumariamente’. La principal tarea subversiva del político será revertir el sentimiento instalado de fatalidad social ruinosa: infortunio, calamidad, desgracia, desastre y desventura, o catástrofe natural divina. Son sentimientos que vapulean al ciudadano desde hace tiempo, desprovisto de nacionalidad y derechos constitucionales. Estos sentimientos son parte del ‘factor cubano’ de dominación, que tiende a Llevar a cero a las personas despojándolas de Churuata, de  guayuco y casabe, e incluso, de sobrescribir sus expectativas de vida a partir del miedo y la desesperación.

La fase de disgregación e integración actual se expresa en el Carnet cubano de la Patria, o censo de integración colonial. Es un proceso de inmersión ideológica selectiva de subordinación simbólica a la metrópoli ultramarina de la isla. Su grandeza radica en el carácter voluntario (chantaje) de pertenecía al nuevo estado satélite de cuba.

Francisco de Goya fue el primer cronista gráfico de la historia, pero también fue un pionero de la gráfica como ciencia subversiva hasta el día de hoy. La intención de Goya era según él. «Perpetuar por medio del dibujo, las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano francés». Si el enemigo ‘invisible’ no tiene nombre ni rostro, ni apellidos, difícilmente podemos luchar contra él. “El enemigo tenía acento francés”

Goya señaló al enemigo, lo hizo insoportablemente visible e inhumano. Le puso nombre y rostro al invasor y al colaboracionista. Expresando las fatales consecuencias morales de una invasión. En algunos de los epígrafes de sus grabados denunciaba la crueldad del enemigo, haciendo así que el lector atienda no solo al heroísmo del pueblo y su voluntad de sacrificarse, contra el invasor francés, sino a la irracionalidad, la injusticia y la barbaridad que surgen inevitablemente durante la guerra de liberación nacional.

Todos sabemos que están haciendo las fuerzas de ocupación político-militar cubanas en Venezuela, es un secreto a voces, pero no somos capaces de materializar al invasor en repudio colectivo activo y militante; hacerlo insoportable, insufrible, convertir la indignación en movilización y motivación contra el invasor.

El éxito de la ocupación cubana es el equivalente al asesino global invisible que acabó con millones de vidas en Europa, los virus. No se pude luchar contra lo que no se ve, ni se nombra. A veces las viejas cosas funcionan mejor sin grandes cambios. Mantener un títere visible en el poder, y si es posible criollo,  que canalice la indignación hacia un enemigo lógico, especie de, Cabeza de Turco. Es la invasión perfecta.

El ensayista e investigador Juan Liscano, me comento que: A los esclavos se les permitía en las fiestas religiosas disfrazarse (vestirse) como los amos, e incluso que hicieran monigotes y piñatas de ellos con toda fidelidad, para ser golpeados y quemados. Una o dos veces al año se les permitía ser iracundos. Eran una especie de válvula de escape, especie de olla de presión.  Este comportamiento es común a todas las culturas en la historia, incluso en la clásica Roma.

El político debe reconvertirse en resistencia anónima subversiva, no por necesidad, sino por lógica y salud pedagógica: La invisibilidad debe ser la norma de la fuerza subversiva. Ser un pendejo y mártir en los calabozos de la contrainteligencia cubana, es un sacrificio inocuo. Sí, es cierto, es muy emotivo, pero no deja de ser estéril. Que el desgaste cambie de bando es hacer público y visible el rostro del enemigo cubano en cada acción. Organizarse por debajo es subversión, lo contrario es sumisión,  suicidio ilustrado del pendejo.

El problema letal para una sociedad es estar inmerso en una guerra y no reconocerla como tal, ni reconocerse en ella. Hay muchos muertos, hambre, desmovilizados, presos políticos, destrucción, ruina y colapso del país, y peleas teatrales cainitas,  pero no producto de la guerra sino del infortunio y la crisis económica y política (crisis de liderazgo) de ahí la importancia del mantenimiento por parte del invasor de la fachada institucional de los partidos políticos.

La ecuación Alejandrina del invasor perfecto (menos es más) ha sido perfeccionada exquisitamente por el invasor cubano. Si no ves al enemigo no hay guerra. Es una cuestión de cirugía, contra menos invasiva sea la intervención, mejor.

Sin un enemigo perceptible e incluso palpable,insoportable, la guerra de invasión u ocupación es una abstracción intelectual, y por defecto, el invasor también.  No hay  tanques de guerra, ni tropas, ni uniformes, ni acento cubano, ni banderas de la ocupación. El invasor invisible no es el problema, el problema es otro, es el hambre, la miseria, la guerra económica, el sabotajes, y la derecha fascista.  Es el círculo virtuoso Alejandrino: la negación del invasor, per se…

Un Réquiem por las almas de las instituciones y los partidos muertos en 20 años de invasión cubana silenciosa y sin resistencia.

Retorno sobre sí (la posverdad)

Política de la posverdad

Una sociedad embarrancada, que no reconoce las causas objetivas de su fatal deriva hacia el colapso, es una sociedad perturbada por la dinámica de la ‘posverdad’. Esta configuración mental, no ideológica, es el sustrato que yace en el populismo de nueva generación. Cuando los hechos objetivos —y digo objetivos— y la razón, tienen menos influencia, menos peso que las apelaciones a las emociones y las vísceras. Tal afección de la razón y la percepción, se denomina: política de la posverdad (o política posfactual) lo fáctico como realidad es superado por las emociones, el estadio superior de realidad factual.

El arco narrativo histórico que explica dicho modelo tiene cuatro décadas operando sin oposición, ni objeción.  Yo lo llamo: ‘efecto posvietnam’ aunque tiene poco que ver con esa guerra, pero si con la conciencia ‘colectiva’ que vino después, la guerra de las emociones, hasta llegar a las verdades poéticas de Stéphane Hessel, y su arenga a las emociones: ¡Indignaos! o perecer.

El legado de Theodore Roszak, a mi entender fue el descubrimiento de la fenomenología de la «política de la posverdad» no la llamo así, pero describió prolíficamente como nadie en la sociología, los síntomas y afecciones de una generación, pero a través de otro de los grandes conceptos de la sociología contemporánea: «la contracultura» En mi formación intelectual hay dos libros esenciales: «’El nacimiento de una contracultura’ / ‘El hombre inacabado’» Pocos ensayos despiertan los sentidos del aprendizaje y la imaginación que estos dos gigantes de la ciencias sociales.

“Cuando la ciencia y la razón de estado se convierten en siervas de una magia negra política, no inteligible. ¿Qué fuerza moral tenemos para reprochar a los jóvenes el haberse zambullido completamente en un oculto «estado de excitación jungiano» en busca de vibraciones buenas. Capaces de eliminar lo malo?”

Cuando la crítica abandona su espacio vertical tradicional, sus dueños: las elites del poder (política, ciencia, economía, cultura, y medios de comunicación social) y pasan a la calle, es decir se hicieron horizontales (conversación y mercado) éstas se convierten en el «Quinto Poder» o más bien desplazó a los tradicionales medios de comunicación social «Social media» Lo constatamos todos los días en USA, con el presidente Donald Trump, que vapulea a los medios tradicionales de comunicación, sin consecuencias; medios despojados de su poder vertical. El vetusto, «Cuarto Poder», pero de lo que no estoy seguro, es que, la sociedad de la posverdad, pueda compartir espacio social con el «Cuarto Poder». En ciencias políticas se dice que: Una cosa es tener poder aparente, y otra el poder real que se materializa.

Con la aparición del Antropólogo Alexei Yurchak, hay más luz al otro lado de farola de la opinión pública de la sociedad posfactual. La «Hipernormalización» es el concepto con el cual este autor describe las paradojas de la sociedad soviética durante las dos últimas décadas de ese régimen. Es el nombre asignado al rechazo a reconocer la implosión del sistema durante su caída. “Everything was Forever, until it was no more: the last soviet generation (2015)” Hipernormalización es el concepto «sintáctico» con el cual este autor combina hechos, y establece relaciones invisibles al intelecto, de forma magistral, y los convierte en herramientas de análisis social: ‘Todo fue para siempre, hasta que no fue más’.

Siempre, o casi siempre, me he mantenido al margen de la sociología de las etiquetas del «antes y del después» como si ellas por sí solas explicaran los fenómenos del cambio social. Tales prácticas suponen un principio de lógica perturbadora, atrayente (Yonki) de las etiquetas). En el concepto de «modernidad y posmodernidad», Alain Touraine, muestra su preocupación por las formas ‘absurdas’ que toman a veces las teorías sociológicas a partir de etiquetas.

Dice Touraine: “La idea de modernidad no parece, en ningún lugar, añadir gran cosa al análisis de lo que yo he llamado «social» de la vida social. ¿A caso, no se llama moderno a algo que es creado y constantemente transformado? La oposición clásica desde hace mucho tiempo, entre «comunidad y sociedad», ¿no hace de ésta un concepto de modernidad? ¿No pensamos que la modernidad aparte los tronos y los altares para dejar a la sociedad administrarse a sí misma… (Un nuevo paradigma / Cap. 5 / EL RETORNO SOBRE SÍ. / pág. 95.)”

Acaso la posmodernidad, “¿es hablar del «fin de lo social» la sociedad ha muerto?” Estamos afirmando, con el uso de la etiqueta, la desaparición de todo principio histórico central de la definición del conjunto social. Digamos que tal aberración no soporta el escrutinio de la lógica clásica o «principio de de no contradicción», según el cual una proposición y su negación no pueden ser ambas verdaderas al mismo tiempo y en el mismo sentido. En realidad no hay nada en el medio entre «modernidad y posmodernidad» nada que se pueda considerar un paradigma, una ruptura epistemológica con la historia de la modernidad e incluso de la realidad.

La transición hacia la posmodernidad, sería algo así como: ‘La muerte de la sociedad agotaba en si misma’. En realidad me parece una ‘categoría absurda llevada al límite de la lógica basada en el ‘principio de identidad’, todo ser es idéntico a sí mismo. La sociedad moderna deja de serlo, si los individuos dejan de ser ciudadanos. La horizontalidad no mata al ciudadano, por consiguiente sigue habiendo sociedad. «Si algo deja de ser moderno, es porque ha dejado de cambiar» Y ese no es el caso de la sociedad actual. De algo estoy seguro es de que la sociedad, no va a volver sobre sus mismos pasos al pasado de los orígenes de la modernidad, la comunidad, donde no se reconoce la ciudadanía. En realidad la sociedad de los derechos de los ciudadanos, no fue una evolución, sino una invención. El paradigma de la sociedad moderna.

La modernidad ha dejado paso, eso sí, a la secularización del individuo civil, y éste a una sociedad sin apegos, «la sociedad líquida» la génesis de la «política de la posverdad». Este post pretende situar el origen histórico de la posverdad, que no es otro que la secularización del «poder vertical» iniciado en la modernidad. A veces creemos que el proceso de socialización, es de maduración y consolidación de la sociedad, hacia formas más apegadas a la razón, a la historia y sus vínculos; o que una sociedad es incapaz de aprender y desaprender, y volver sobre sus pasos a la protohistoria, especie de «Bosón de Higgs» la partícula de Dios, el principio.

La globalización es una maquina centrifugadora del modelo estático de «modernidad» lo que debilita sus vínculos históricos con el concepto de «ciudadano nación» a medida que se expande como los gases, sus valores son mas débiles, e incapaces de mantener la cohesión social de los estados, generando malestar «estado de excitación jungiano». La modernidad creo el concepto sólido de ciudadanía y nación, y ahora lo diluye en la expansión del mercado. La modernidad sigue su curso inexorablemente, como «Saturno devorando a sus hijos».

La globalifobia, es el modelo de respuesta a la expansión del mercado, «implosión» el agujero negro del malestar, ideología de la indignación. Una fuerza de tales magnitudes «jungiano» sólo es posible en una sociedad tutelada por la «política de la posverdad» donde la realidad fáctica es superada por las emociones, el estadio superior de realidad factual. Si hay, hoy día, un slogan que la desborde es « ¡Queremos más mundos en el mundo! ». En realidad la frase es fantástica y elocuente, invita a la reflexión, pero no responde a hechos objetivos, sino, a emocionales colectivizadas y tribales. ¡Si lo sueñas, puedes!.

No digo que no sean legítimas las reivindicaciones «teleológicas» de su discurso, por la diversidad cultural y la integración social. Solo señalo un aspecto relevante del malestar cultural por la pérdida de las raíces, «Root man» en un entorno disruptivo de la «sociedad del mercado» frente al tradicionalismo reivindicativo y continuista, per se.

La Rebelión estéril

Filoarcádico

Es un neologismo que fue creado como constructo para dar entidad a las nuevas nociones teóricas de la sociedad líquida de Bauman. El vocablo aparece por primera vez en el ensayo ‘La Rebelión estéril’ de Manuel Eduardo Ponte. El neologismo «Filoarcádico» está compuesto por dos vocablos con raíces griegas: φίλος (philos) que significa amor o amistad. Y ρκαδία, (Arkadia) un lugar edénico, utópico, idílico. El vocablo «Filoarcádico» es una categoría sociopolítica para definir una series de variables y comportamientos sociopolíticos, y psico-anímicos, producto de una nueva generación de fenómenos que eran manifiestos pero innombrables; de ahí surgen las necesidades de nuevas denominaciones, más específicas, que abarquen sólo lo que se quiere renombrar. Muchos de estos nuevos vocablos son la continuación del camino iniciado por el sociólogo Zygmunt Bauman en el ensayo “la sociedad líquida”. La Globalización ha abierto en canal las ciencias sociales, e incluso contra a su propio reflejo, la globalifobia —es decir— la parte marginal manifiesta, entendida pero no comprendida en la nueva sociedad. Es un intento de acercar fenómenos complejos del ámbito conjetural del devenir histórico fusionado —porque toda conducta política tiene por necesidad un pasado implícito— la tesis está fundada en la idea de que ninguna tribu como organización política parte de cero incluidas las tribus urbanas; parece ser una obviedad pero las obviedades son los puntos ciegos de las ciencias sociales y políticas. En las obviedades se pierde la sustancia y la especificidad de los fenómenos.

La sociología comprensible para no sociólogos, no existe, pero sería válido un intento de acercamiento a las nuevas teorías y tesis del cambio, en principio entendibles, objetivables pero no siempre comprensibles. Si bien éste no es el fin último de ‘La Rebelión estéril’ sino, el intento de acercamiento teórico a una nueva generación de fenómenos inéditos, sólo comparables a los cambios generados por la revolución industrial en la sociedad, ‘el hombre opaco’. La construcción de una nueva realidad política en términos de negación de la obviedad o sustancialidad, es producto de la realidad líquida: a mayor dilatación de las sociedades abiertas, mayor es la negación de lo real. Lo que Manuel Ponte llama: “la vuelta a casa, a las raíces” Esta idea la deja abierta la «Modernidad líquida / de Zygmunt Bauman» dónde lo obvio es encubridor de la realidad, es oscuridad.

La unión de estos dos vocablos evolucionan por necedad en una nueva morfología sintáctica de los conceptos y sus raíces, que nos ayuda a definir y conceptualizar fenómenos que se sitúa fuera del análisis tradicional sociológico y la antropología, la zona silente del conocimiento científico, o punto ciego. Lo que no tiene definición es aquello invisible perteneciente a la caja negra de las especulaciones del racionalismo crítico popperiano.

El socialismo utópico idealista premarxista teórico ha evolucionado hacia otras formas más dinámicas y populares, menos teóricas y elitistas que las del pasado, por lo tanto más productivas y eficaces; a niveles más simples mayor es su eficacia —eso sí— no ha logrado a día de hoy desprenderse de su ideología historicista del cambio radical hacia la ‘arcadia antropológica’ del hombre en armonía con la naturaleza, origen de la moral comunista. A mi modo de ver es la idea del “Hombre ya evolucionado de vuelta a casa, a sus raíces”. Friedrich Engels, le dio muchas vueltas a esta idea sobre la evolución del hombre; buscando una explicación natural biológica que fortaleciera las tesis comunistas, al final de su vida, por ello se interesó por las ideas científicas de Darwin.

A ésta transición del socialismo utópico hacia formas populistas de enfrentamiento con la globalización per se, de los mercados, los capitales, la técnociencia, y del desplazamiento del hombre de su centralidad histórica —como la definiría el sociólogo Alain Touraine— ha generando los mayores niveles de malestar popular cultural que el manido capitalismo salvaje inhumano’ de la propaganda de izquierda del siglo XX. El malestar no está en el capitalismo de origen, sino en la pérdida de centralidad del hombre de sus raíces.

La globalifobia, recoge toda la tradición histórica del descontento cultural, lo hace visible inteligente e insoportable y popular, convirtiéndola en una fuerza superior a todos los miedos ideológicos manidos anteriores a la globalización. En un curioso ensayo inacabado de psicología social de Sigmund Freud, él establece un principio que lo he llamó ‘función cinemática de la cultura’ especie de teoría del movimiento; Freud dice: …Mientras más se desarrolla la cultura, más crece el malestar en ella. Yo la adaptaría a los nuevos tiempos de modernidad líquida, «que contra más se expande la cultura, más crece el malestar» como motor político del cambio extremista de la izquierda y la derecha en su vuelta a la zona de confort político.

Manuel E. Ponte apostilla una vez más en su libro sobre la Rebelión estéril: “Hasta hora yo creía que la teoría fenomenología de ‘el hombre unidimensional’ de Herbert Marcuse era una tesis acaba, que no existían condiciones materiales objetivas que contradijeron este principio o avatar del hombre en las sociedades opulentas. El problema estuvo en considerar a la sociedad opulenta como un todo, como un cuerpo orgánico del modo de producción industrial, que lo que afecta a una parte afectará indefectiblemente al resto. En realidad, las sociedades no son homogéneas dependen en grado de su identificación con el modelo productivo, y implicación en el reparto de papeles”

“La verdad aspira a lo real”

El Nudo gorromeo

Asistí al último seminario del monstruo contemporáneo del psicoanálisis el francés, Jacques Lacan en el Ateneo de Caracas / 1980. El Fundador de la Escuela Freudiana de París, era un mito viviente para mi generación. Asistí como estudiante, no como aprendiz y sí como entusiasta de Freud, un año antes de su fallecimiento en 1981. Debo confesar, que prendí de su descarada carencia de humildad, propia de quien es gobernado por el conocimiento. Estaba hecho de ese material escaso e inaccesible a las masas, la personalidad independiente y “el conocimiento inútil”, que ebullecía a borbotones en sus palabras, y hasta en las largas, larguísimas pausas. Como formulara Jean-François Revel a la acumulación de conocimiento perecedero, que nos llevamos a la tumba, y que nadie hereda, ni tan siquiera la memoria de los libros.

Fue la década más sórdida del siglo XX “Annus horribilis” más allá de la estética social de un mundo que se presentaba como sociedad neo-Kitsch. Incapaz de inventar nada original y duradero. Muy parecida a la transversalidad podemita, en estética, moral y política; el detritus, el decenio perdido.

Lacan, había alcanzado en vida, a los 80 años de existencia, el grado máximo que concede la popularidad a un destacado intelectual de su tiempo, el título de ‘mito viviente’, un eslabón superior al de las celebridades y los premios Nobel.

“Yo digo siempre la verdad: no toda, porque de decirla toda, no somos capaces. Decirla toda es materialmente imposible: faltan las palabras. Precisamente por este imposible, la verdad aspira a lo real” El Lacan que conocí, era antitético, estaba más cerca de la realidad que de la verdad… ¿Lacan está contenido en este párrafo? Sí la verdad está estructurada por tres registros “lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico” elementos de naturaleza tópica, entonces la verdad es sólo una parte, no cuantificada de la realidad. Lacan, no niega la posibilidad de alcanzar el conocimiento ultimo, lo real. Sólo habla de las limitaciones, a mí entender, del lenguaje estructurado en la psiquis. En realidad, nos quiso decir que: «estamos construidos de verdades, no de realidades, mundo social» Es la zona cero del psicoanálisis de Lacan.

«Retorno a Freud»

«Nudo Borromeo» El Nudo Borromeo le permite a Jacques Lacan transmitir su legado cognitivo de los fenómenos a través de la experiencia analítica y clínica de los campos y dimensiones que Lacan sustancia como registros, “lo Real, lo Imaginario y lo Simbólico” Estos tres registros se encuentran relacionados conformando una tópica. Esta ‘tópica’ constituye una estructura que se puede representar ejemplarmente como elementos ‘anudados’ de un modo semejante a un Nudo Borromeo.

“El psicoanalista Lacan utiliza el Nudo Borromeo para indicar la estructura que forman los tres registros del «ser hablante», tal como se presentan en la experiencia analítica: el registro de “Lo Real”, el registro de “Lo Imaginario” y el registro de “Lo Simbólico”, cuyo triple enlace define el objeto por, «causa del deseo»…”

Nadie puede negar la capacidad que tenemos los humanos de conocer la verdad de la realidad. —Lo que nos convierte en los únicos animales bípedos arrogantes. El problema está en que esa realidad no cuenta toda la verdad, por su propia naturaleza tópica estructural, porque estamos construidos de verdades asumibles, simbólicas, llenas de mensajes culturales. De ahí que ‘Sigmund Freud’, dijera que el estado natural de la sociedad es la neurosis, una consecuencia de la sociedad como represora de nuestros instintos. (Toda cultura es represora de la verdad) Si estuviésemos construidos de realidades en vez de verdades, nuestra naturaleza social seria otra. Qué inteligible y útil resulta ser Lacan para la sociología actual, y que bien se complementan; sin la aportación de Lacan, cuesta entender “el método sociológico de Émile Durkheim, padre de la sociología. Y sin el conocimiento sociológico, sería imposible entender a Lacan.

“Clínico de la política”

Para Lacan, Karl Marx fue un ‘clínico de política’ por su aportaciones al conocimiento de un parte de la realidad. “Inventó significantes nuevos que han modificado la realidad, y el enfoque formal, permitiendo -simultáneamente- releer y descifrar tanto la historia de la sociedad como la historia subjetiva.” Sobre todo en su fenomenología del conocimiento, que yo he sintetizado como «Plusvalía del conocimiento» No es una categoría, ni concepto marxista, pero ella se desprende de las lecturas contemporáneas de  las Obras de Marx, Karl Mannheim, Edward A. Schils. Fenomenología social o Sociología del conocimiento.

Me gustó Lacan, porque subvierte las ortodoxias establecidas a la vez que descree de las fantasías utópicas. Lacan no es padre de una ciencia de la denuncia, pero sí de abrir a Sigmund Freud al mundo. De volver al Nudo Borromeo de los seres hablantes. “Yo acuso” a Lacan de anillarnos nuevamente a las verdades subjetivas «estamos construidos de verdades, no de realidades, mundo social». Las utopías, son construidas por las masas, como verdades aisladas de la realidad anudada, de los seres hablantes.

No sólo somos animales políticos en el sentido aristotélico; también somos animales pedantes conocedores de la verdad, animales tautológicos. Y eso, para una sociedad compuesta por el don de la verdad, siempre tendera a la radicalización, y de ahí, a los extremismos políticos de la razón pura. En pocas palabras, para resumir: Lacan y su visión estructural de la realidad Nudo Borromeo  sobrescribe la forma de entender las ciencias sociales «giro copernicano» Toda verdad es una supra/realidad «estamos construidos de verdades, no de realidades, mundo social» fantasías utópicas. Todo populismo busca la verdad, no la realidad, porque ésta resulta contradictoria a las fantasías utópicas. “La verdad aspira a lo real”

Lacan me mostró un lado desconocido del pensamiento crítico, muy dado al reduccionismo social, de las verdades. evidentes Sobretodo para el conocimiento político aristotélico de la sociedad como totalidad. Aquí, siempre pecamos todos de solvencia racional, incluso el propio Aristóteles nos da una visión simple de la sociedad. Desde la filosofía clásica, hasta nuestros días, todas las teorías sociales, presentan la verdad, antecediendo a la realidad. Fue Lacan el que ‘anudó’, lo imaginario, lo simbólico y lo real, en una estructura atómica, que posibilita un discurso más cercano a la realidad. Un discurso que pretenda decir toda la verdad no es posible. “Yo digo siempre la verdad: no toda, porque de decirla toda, no somos capaces. Decirla toda es materialmente imposible: faltan las palabras. Precisamente por este imposible, la verdad aspira a lo real”

Ad quadratum, ideológico

Pablo Iglesias por dentro

Es un sistema de proporciones geométricas utilizado en el renacimiento y en el gótico, que busca la simetría universal como forma perfecta de la creación divina y la presencia de un orden superior al hombre. El hombre de ‘Vitruvio` es un conocido dibujo de  Leonardo da Vinci que refleja la influencia del dogma renacentista por demostrar la perfección de la creación de Dios en el hombre. A diferencia de otras religiones, el cristianismo, busca la presencia de Dios en el hombre. Representar al Hombre es representar a Dios.

En política el cálculo electoral es un número que tiende a cero después de una encuesta. El intento renacentista de cuadrar «Ad quadratum» las cosas para hacerlas coincidentes con nuestras ideas, es un engaño atávico, en lo que concierne a lo cultural. Hace tiempo que las ciencias han dejado de buscar dentro de los objetos como única verdad, para buscar en otras cosas que en apariencia son ilógicas y lejanas al sentido común. Las encuestas registras comportamientos y estados emocionales tipo ‘Ad quadratum’.

Un curioso estudio sociológico de opinión, sobre las próximas elecciones generales en España 2016, realizado en Venezuela por una de las más prestigiosas universidades de Latinoamérica (UCV-CARCAS) En el Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES-UCV) El estudio versa sobre y el grado de conocimiento e implicación política e influencia de hechos, que en teoría, no son extrapolables, entre estados independientes, y lejanos. La política entendida, hasta no hace muy poco, como estancos aislados, con independencia propia.

En realidad, la sociedad globalizada, o más bien, hiperconectada en tiempo real también tiene opinión pública y grado de implicación; de ahí el concepto de ideología de la indignación, y el de activismo social. Nada que pretenda ser un modelo ideal en sí mismo, permanece como idea “Ad quadratum” y por mucho tiempo. Los elementos de agregación y sostenibilidad ideológica, se licuan en la sociedad trasversal (populismo hegemónico) “Solo es verdadero aquello que funciona” En realidad es una fórmula de conocimiento muy primaria, si algo no emociona no existe, tiene menos posibilidades de ser viral, de ser compartido. Lo que no se comparte no existe. Un modelo de pensamiento así, modula conductas que se nos presentan como novedosas.

El estudio tiene como marco teórico la sociedad horizontal, o sociedad hiperconectada, y el nuevo concepto de masa trasversal. Lo interesante de este estudio comparativo de opinión política electoral, es la ruptura del modelo “Ad quadratum” español. ¿Cómo y por quién votarían los venezolanos, si votasen hoy por los candidatos españoles? Las encuestas de intención de voto realizadas en Caracas / Venezuela a 2.300 personas con trabajo y sin trabajo. Es importante resaltar esta condición, ‘personas con trabajo’, en una encuesta política con independencia del estatus social y profesional, para evitar el sesgo del condiciónate trabajo y las expectativas de riesgo y futuro del empleo.

Los venezolanos, si pudiese votar hoy en España en conciencia, lo harían por partidos de centro democrático, dejando al populismo de izquierda extremista, en un plano marginal. Por qué, sucede esto y con tanta diferencia con las encuestas españolas sobre intencionalidad de voto y opinión. –La respuesta está en el conocimiento del producto, por parte de los ciudadanos. Los Pablo Iglesias y los Monederos y compañía, han sido parte responsable del gobierno en Venezuela. Se les percibe como responsables ideológicos del actual caos y ruina en al que han dejado el país. Es decir, los venezolanos votarían a conciencia, conociendo el producto, no así los españoles.

Lo contrario sucede en España, que se les percibe como solución a los problemas generados por la crisis económica global de la sociedad abierta y liberal. Es decir, los ciudadanos ven en el populismo una mercancía novedosa y sin extremar (oferta, beneficio y oportunidad) leyes del mercado. Mientras los populismos de izquierda en Latinoamérica fueron los primeros es establecerse en el mundo, a principio del año 2000. Ahora son los primeros en caer como piezas de domino de madera carcomida. El boom especulativo de las materias primas, acrecentó los populismo de extrema izquierda ¡Los sí se puede!. Claro qué sí se puede, siempre que tengas dinero para la fantasía.

Las encuestas de opinión en España demuestran desconocimiento del nuevo producto y un desprecio valorativo sobre la sociedad latinoamericana. «Lo que sucede en Venezuela, no es un problema de modelo político fracasado, sino de personas mal preparadas, subdesarrolladas». Somos una sociedad europea muy prejuiciada para cambiar de opinión por lo que suceda a 642.375 Kilómetros de distancia de nuestro superyó. Si el modelo populista de Chávez, fuese el ‘Milagro Sueco’, los PODEMITAS alardearían de haber intervenido y colaborado con el régimen chavista, dirían nosotros somos parte de su éxito del chavismo en Latinoamérica.